Compré una bandeja de alas de pollo para hacer el caldo base para la sopa de tortilla. Cuando el caldo estuvo las alas todavía seguían intactas (supongo que pude haber dejado cocinando el caldo por horas hasta que las alas se deshicieran pero la idea era comer sopa de tortilla antes de que cayera la tarde) así que las saqué de la olla, las puse en una refractaria y metí la refractaria al horno a cuatrocientos grados (F). Al cabo de una hora larga, con algo de vigilancia, estaban tostadas y deliciosas, perfectas para comer con una gota de miel.