El monje llega a la cima de la montaña a visitar a su maestro. El anciano lo espera de pie junto a su árbol tutelar y al verlo llegar le pide acercarse y le pregunta si, de acuerdo a su criterio, ha llegado a tiempo. El monje responde que no sabía que su maestro lo esperaba. El maestro le dice que la pregunta sigue en pie incluso si no fuera así. El monje piensa unos minutos y le dice a su maestro que ha llegado a tiempo y prueba de ello es su presencia. El maestro le pregunta si su ausencia demostraría entonces que no ha llegado a tiempo. ¿O acaso la presencia del árbol tutelar sería suficiente? ¿O la mera continuación de la vida? El discípulo, confundido, se disculpa por su tardanza. El maestro lo amonesta duramente y le pide regresar al templo. En dos días lo espero con una respuesta, le ordena. El discípulo jamás regresa.