Como séptimo punto de la agenda quiero convocar a seres monstruosos de tentáculos viscosos que viven en el fondo del mar a esta reunión de copropietarios para que discutamos de una buena vez los problemas de convivencia y olores que tenemos en el sótano, cerca de la zona de desechos, desde que los señores del inframundo resolvieron montar ese vínculo ilegal entre este mundo y el suyo aprovechando que nuestro bello conjunto residencial fue construido sobre territorio sagrado y consagrado para ahorrar gastos y usufructuar la protección natural que ocasionalmente ofrece la presencia de paralelismos; sé bien que este es un asunto sensible y doloroso y muchos de nosotros estamos incómodos con las ocasionales manifestaciones de la divergencia y asimismo sé que la confianza entre las partes no pasa por su mejor momento desde que el ascensor del quinto bloque descendió a la familia Ballesteros por fuera de los confines de lo concebible hasta disolverlos en el nunca pero debemos, por el bien de nuestra querida comunidad, hacer un esfuerzo y repensar nuestra actitud al respecto y superar al menos por una indeterminancia breve el horror que inspiran no importa cuán evidente sea que aunque torpes e incapaces de verdadera empatía son (salvo contadas excepciones bien conocidas ya por todos) casi completamente inofensivos cuando no incluso bondadosos y comprensivos de los conflictos existenciales y fisiológicos que exponemos por instinto ante su presencia majestuosa que cuestiona nuestro lugar en el cosmos y los límites de nuestra comprensión del universo que a bien nos concedieron. Dicho lo anterior, invito a los anfitriones voluntarios a que conformemos el meta-octágono hermético en el centro del salón comunal, justo alrededor de la doctora Castaño, que ya duerme, y permitamos que la geometría haga lo que corresponde.