Ayer mientras armaba este elefante (créditos a Aleyda por el enlace) admiraba la cantidad de dobleces en instrucciones de origami que son preparatorios, adaptando el papel para que acepte con gracia dobleces posteriores que, a diferencia de los preparatorios, son sustanciales para la forma final. La mayoría de los dobleces preparatorios son sutiles (parecen innecesarios, casi tontos: se desdoblan casi inmediatamente) pero a medida que el papel converge a su identidad auténtica se hace cada vez más obvio por qué eran en cierto sentido inevitables: son la forma como papel aprende a ser todo lo que puede ser.