Hace poco noté de nuevo (es un descubrimiento recurrente) que mis preparativos para el fin de la civilización o una teleportación stúbita a otra dimensión se limitan a acumular cuadernos y equipo para dibujar y escribir en el morral. Es algo que he hecho sistemáticamente desde que era pequeño con la confianza de que mis cuadernos y esferos de colores me salvarán de los monstruos o por lo menos de la soledad. Y supongo que ha sido así. Es solo que los mundos donde me materializo son el mismo mundo donde estoy y donde de cualquier modo me siento aislado y fantasmagórico, presente apenas a medias y por lo general aburrido.