La política me supera. No tengo la cabeza para digerir lo que pasa ni mucho menos alcanzar un nivel de comprensión que me permita tal vez aportar algo más que angustia y confusión a una situación ya de por sí bastante angustiante y confusa. A veces intento convencerme de que es intrascendente y que nada de lo que está pasando tendrá consecuencias que me afecten directamente, pero por otro lado el alcance del poder de los señores de Washington es tal que sentirse blindado por estar del lado correcto de una frontera podría ser un pecado de ingenuidad capital.