Me he tomado el trabajo de evaluar la realidad de los momentos a medida que transcurren. Cada segundo personal, entendido como un vecindario multidimensional que abarca no solo el tiempo sino la mónada espacio-psicológica que me rodea, es transformado y reinterpretado en un sistema coordenado adecuado donde se ha estimado previamente, basada en segundos previos con diferente grado de confianza, la distribución de la medida de realidad de cada momento plausible. He notado, primero con preocupación y más adelante con alivio, que la medida de realidad, aunque voluble y aparente impredecible, experimenta un descenso constante desde que fue instaurada originalmente. Si me concentro, puedo ver los hilos desvanecerse. Todo es cada vez más ligero. Pronto llegará el momento de partir.