El proceso de cerrar y transferir responsabilidades en la empresa ha sido provechoso y, podría decirse, incluso edificante. Creo que me ha permitido entender mejor (y de paso evaluar) los papeles que jugaba en el equipo (algunos más útiles que otros) y también todas las ineficiencias acumuladas tras casi dos años y medio de trabajo que por errores más personales que institucionales había permitido que se convirtieran en una fracción de mis tareas recurrentes. Este fenómeno, sospecho, es común en compañías tecnológicas jóvenes con tendencia a las cascadas donde los cambios de énfasis y las pequeñas apuestas (dentro del proceso constante de búsqueda de una identidad como negocio) generan constantemente proyectos al borde del prototipo que sin embargo persisten por fuera de sus rangos iniciales de funcionamiento pues nunca se sabe lo que crecerá ni cuándo (y las evaluaciones de valor siempre pueden esperar). Con todas sus rarezas y confusiones, InteraXon resultó ser el lugar perfecto para ganar la experiencia y perspectiva que necesitaba como programador y explorador de datos. En este negocio yo estoy (siempre un romántico) por el juego, y esta empresa fue un parque estimulante lleno de gente adorable y generosa que me permitía divertirme a mis anchas con cada vez menos restricciones. Era fácil llegar feliz a trabajar cada día.