No sé qué hago en la vida. No sé para dónde voy. No sé qué quiero. No sé cuándo estaré donde debo estar ni cuál es el lugar que me corresponde. Evado las certezas. Evado compromisos. Evado lo que siento y acepto lo que recibo. Me esfuerzo por no cultivar expectativas. No pretendo ser nada más que lo que soy. No tengo aspiraciones ni propósitos. Me permito respirar. Aprecio el cariño que me entregan. Quiero a quienes me permiten querer. Soy una presencia vaga, apenas perceptible, que atiende con paciencia y procura mantener una distancia que garantice seguridad y confianza. Tengo todo lo que necesito. Tengo, de hecho, mucho más de lo que necesito.