La insatisfacción es fácil de alimentar, como los cerdos. En un medio social rico en reflejos y magnificaciones la insatisfacción se hace instinto primario y genera a medida que se expande un tipo de cohesión insalubre basada en el cinismo y la mezquindad donde cualquier esfuerzo es siempre considerado insuficiente y por ende inútil. A la masa insatisfecha solo la complace la rendición pues lo único que la valida son las derrotas ajenas. Todo avance, por parcial, es defectuoso o despreciable.