En el paradero a las nueve de la noche había un señor fumando una pipa tubular otrora blanca ahora más que quemada que requería, para su inhalación, posicionarse con el buche hacia el cielo y la pipa cual verga naval sostenída de la base con una mano mientras el encendedor a toda mecha en lo alto mantiene la sustancia a la temperatura adecuada. Una posición realmente incómoda, especialmente considerando que tenía los pantalones a media pierna y en descenso.