Como siempre después de un rato de silencio no queda sino recurrir a la alternativa del reporte aunque en este caso no haya en realidad nada para reportar más allá de las declaraciones generales de bienestar y satisfacción dentro de los rangos apropiados, sin excederse. Por fuera de eso las dos semanas en España ayudaron no solo a descansar sino de cierta forma a poner la vida canadiense en perspectiva pues aún sin querer resulta fácil pasear por Barcelona y preguntarse qué habría sido de nosotros de haber persistido en una vida en ese lugar. Y aunque la ciudad sigue albergando a muchas de las personas que más queremos, también se siente esencialmente ajena y cada vez más excluyente. Creo que hay muy pocos universos contrafactuales en los que estaríamos tan establecidos allá como lo estamos (dentro de nuestros parámetros) acá. La semana que termina he asistido a varias películas del festival. El cine revitaliza e ilumina.