Encontré este puesto de sánduches cerca del trabajo donde tienen uno de lengua de vaca que me ha reconciliado con el universo. Hoy lo pedí para llevar y eso comimos en la casa. Llegaron a la casa todavía calientes y jugosos.

Es difícil conseguir lengua por acá en estas latitudes con tantos remilgos dietéticos. Incluso el hígado requiere suerte. A veces, muy ocasionalmente, los encuentro en el supermercado. Con la lengua tengo el inconveniente adicional de que mi proceso de preparación de la tradicional lengua en salsa alcaparrada familiar pasaba por una llamada larga a mi abuela, y eso ya no se puede. Así que por lo pronto me resigno a lo que me ofrezca por ahí la mano invisible del mercado, tan hábil en complacerme cuando le conviene.