Es tarde y quiero dormir pero antes de eso quería dejar algo escrito acá.

Anoche dormí junto a la niña, en su cama auxiliar para visitas, y me despertaron mis urgencias intestinales por ahí a las cinco. Desde entonces estuve ocasionalmente pendiente de las noticias desde Barcelona, intentando entender, a través de reportes escuetos y el ruido de las opiniones que abundan en todas las direcciones, qué pasaba durante el referendo. A media mañana de Toronto, mientras descansaba por Laia en el parque, era claro que la guardia civil había llegado con órdenes de arrasar y eso hicieron. Era una fase del proceso, podría decirse. Algo si no predicho por lo menos esperado (lo que no lo hace menos doloroso). La cadena de provocaciones montada por Puigdemont et al. estaba destinada a generar una respuesta salvaje de los imbéciles en Moncloa y así pasó. Tal vez antes de lo planeado. Tal vez por fuera de lo previsto. Da igual. El resultado fue óptimo: la barbarie policial consolidó la movilización y a partir de ahí daba lo mismo cuántos votaban y por qué; lo que importaba era el acto de resistencia: la respuesta enérgica a los opresores. Ya los políticos se encargarían, al final del día, de otorgarle el significado que conviniera. Así es como Puigdemont salió hace unas horas a anunciar que la jornada fue un éxito y el proceso para declarar la independencia entra en marcha. Cuentas inconstatables de votos fueron seguidamente publicadas arrojando un cómodo noventa por ciento de aprobación con un número de votos que alcanza el cuarenta y tanto por ciento del censo electoral. Una fantasía, pero da lo mismo todo. Los números son decoración en una decisión que requería más los heridos y disturbios que los votos. Lo que sigue es tan incierto como ayer pero más enrarecido (aunque los hay que celebran). Se viene una huelga y Dios sabe qué siga después. Hoy todos perdieron salvo las derechas de ambos bandos, revitalizadas por los patriotismos y la confusión. Quiero creer que sus posiciones de ventaja son frágiles.

Por lo pronto me gustaría ver a Rajoy caer. Cualquier ruta al diálogo que de verdad necesita Catalunya pasa por ahí.