Me preguntó mi supervisor en el trabajo que cuáles eran mis objetivos de desarrollo personal y profesional dentro de la empresa. Algo para definir criterios de evaluación. Le intenté explicar que yo poco pensaba en esos términos. Que las carreras no eran algo que me preocupara y que lo que me importaba, sobre todo, estar en un lugar a gusto y entretenido. Ojalá con suficiente libertad de maniobra. De resto, que si quiero manejar equipos más grandes o tomar decisiones a niveles superiores o tener más responsabilidades, pues no sé. Lo voy mirando a medida que se dé. En últimas él sabe que yo termino trabajando de cualquier forma mucho más de lo que debería, o por lo menos cubriendo asuntos que en realidad no me corresponden, solo porque siento que me afectan y sufro desde siempre de horror vacui existencial. Esa, ahora que lo pienso, es posiblemente la virtud (si se le puede llamar virtud a eso) que me hace más o menos valioso dentro de empresas pequeñas todavía en proceso de invención.