Anoche estaba cansado, me fui a tomar una siesta y seguí derecho hasta el otro día. Fue un día pesado con la hija, que tenía dentistería al mediodía. Después fuimos a comer souvlaki al barrio griego. No mucho más para anotar. Pero como tengo ese compromiso digamos con la vida, entonces me debo inventar una razón para seguir. Lo malo es que hoy fue un día más bien monótono de trabajo. Logramos resolver un problema que esta semana nos tenía agobiados. El capitalismo genera esos agobios falsos para que sintamos que tenemos un propósito y un valor. Y después esos agobios nos enferman. Pero entonces hay que ver esas enfermedades como heridas de guerra, con el orgullo de haberse sacrificado por la causa. Menos mal que ya es viernes otra vez y me puedo desentender del mundo exterior. A ver si mañana tengo algo más sustancioso para compartir.