No importa dónde esté, siempre estoy en el mismo lugar y es desde ahí, desde esa persistencia, donde me proyecto. Así, la realidad es en todo momento múltiple y la percepción un esfuerzo instintivo de acomodar los varios desfases en un mismo marco necesariamente contradictorio y agrietado. Por eso parezco lejos.

Intentaba imaginar esta mañana cómo se verían las prácticas cristianas si se descontextualizaran de la forma como la meditación y el yoga se adoptan en el capitalismo globalizado. No tengo claro si la adopción del cristianismo en Corea, por decir algo, viene acompañada del exotismo con el que se promocionan las prácticas contemplativas orientales en este lado del mundo, con esa idea de que a través de ellas accedemos a procesos internos naturales que nuestra cultura (por tal o cual razón) ha devaluado hasta anular.

En el trabajo, intento montar un proceso que me permita utilizar Stan para estimar parámetros de ciertas distribuciones que quiero calcular individualmente para algo así como cincuenta millones de personas. El modelo no es complicado pero la escala dificulta todo. Limitaciones en los algoritmos me impiden montar algo que calcule todos los parámetros de un golpe para todos en tiempo razonable, así que estoy empacando las estimaciones en aglomeraciones de unas cien mil personas, lo que a su vez requiere determinar aglomeraciones, o sea en últimas espacios con una noción de distancia donde vivan versiones simplificadas de estas personas que pese a esto capturen geométricamente las similaridades latentes que importan para el problema en cuestión. Una y otra vez, en casi todos mis trabajos hasta ahora, termino dando vueltas alrededor de problemas de representación de ese estilo. Son los que más me gustan. Todavía no sé tratarlos bien.