No sé en qué ando. Supongo que no en mucho. Observación: ahora que la niña es más grande se pueden hacer siestas más largas. Desarrollo: a medida que se haga mayor podré hacer siestas más y más extensas hasta llegar a la siesta eterna, o sea ese mítica siesta que arranca a las dos de la tarde, después de un almuerzo dominguero cargado, y empata sin sobresaltos con el sueño de la noche, despachándolo a uno sin escalas en un lunes jubiloso donde todo se siente recién creado.

Cerré mi juego de coplas ayer por la tarde. Algunas personas se adhirieron espontáneamente al movimiento y hubo intercambios divertidos. Como cada tuit costaba más, reduje notablemente mi frecuencia. En ese sentido fue un buen ejercicio: me creó un reflejo de medir si valía la pena decir algo sobre el tema del momento considerando el costo de la redacción que aún persiste aunque ya no intente las rimas (que de cualquier forma eran pobres, pero la estructura algo de trabajo requería).