Jinja tiene un accidente en el helicóptero y aterriza de emergencia en medio de lo que parece un bosque.

Es de noche y no hay forma de saber dónde está. Los árboles, frondosos, ocultan las estrellas.

Al despertar descubre un ave azul que la mira con atención. Ninguna de las dos sabe qué decir.

Jinja camina por el bosque acompañada por el ave. No hay pájaros en el bosque, ni otros animales. Esto la inquieta.

Al fin se decide a preguntar:

—¿Por qué no hay nadie en este bosque?
—¿De qué bosque hablas?— pregunta el ave.

Jinja señala los árboles.

El ave grazna y los árboles se mueven y graznan en respuesta dos veces. No son árboles. Son versiones inmensas del ave que la acompaña.

—¿Quiénes son ustedes?— pregunta Jinja.
­—No tenemos nombre. No sabemos quiénes somos. Pero aquí vivimos. Comemos lo que pase. Bichos. Nunca habíamos visto algo como tú. ¿Eres de comer?
—No, soy un gato— dice Jinja.
—Antes había muchos bichos pero ahora todos se fueron. Tal vez alguna vez regresen. Tenemos hambre.
—¿No pueden ir a buscarlos a otro lugar? Es lo que hacen otras aves.
­—Caminar cuesta, somos pesadas— dice señalando a sus compañeras.
—¿Y qué hay de volar?
—¿Volar? ¿De qué hablas?

Jinja les explica. Habla de las alas y sus usos. La pequeña es la primera en intentarlo: salta y se eleva brevemente. Las demás graznan en sorpresa.

De pronto se siente un temblor. Una de las grandes hace la prueba y levanta piedra y rocas con su salto. Pero no vuelve al suelo. Sube y sube. Desaparece entre las nubes. Los graznidos se multiplican. Y también los temblores. Una a una, todas las aves alzan vuelo y graznan mientras retumban felices en el aire.

Jinja nunca había visto nada tan hermoso.

—Gracias, gato, ahora volaremos a buscar bichos— dice la pequeña. —Si podemos hacer algo por ti, solo dinos.

Jinja les pide que la ayuden a regresar a la ciudad.

Una de las aves baja en respuesta a un graznido de la pequeña y les permite subir a su lomo. Jinja le da indicaciones. La bandada las sigue. De lejos son una extensa sombra azul.

Ya sobre la ciudad, al ver las muchedumbres en las calles, el ave pregunta a Jinja por qué no le había contado que vivía en un sitio infestado de bichos. A Jinja le toma segundos entender a qué se refiere. La bandada desciende.

Al cabo de pocas horas, Jinja tiene una ciudad entera para ella sola, tal y como siempre había soñado.