Dice Fisher en Capitalist Realism que una de las formas como el capitalismo sostiene su apariencia de inevitable (que es clave para su persistencia) es permitiendo e incluso promoviendo posiciones críticas pero en últimas inertes. Fisher de hecho propone que el capitalismo depende de esa antipropaganda para su subsistencia, y que esta es una de las formas como se diferencia de otros sistemas totalitarios. Un ejemplo más o menos estereotípico de eso son las personas como yo, que somos beneficiarios evidentes de ese sistema socio-económico pero al mismo tiempo podemos darnos el lujo (es parte de los privilegios que nos concede) de señalar sus fallas y así, de alguna forma, preservar (internamente) la virtud. La evolución de ese proceso, se me hace, es una forma de cinismo amargo que aniquila cualquier sugerencia de alternativa como ingenuidad o idealismo. No sé bien qué se pueda hacer ante eso. Por lo pronto intento al menos resistir el impulso pesimista que viene adjunto. Cada vez cuesta más.

Nótese cómo esta entrada es autorreferente: ejerce lo que denuncia.