Leía hoy hojas de vida, tengo cientos en una bandeja, y entre ellas al azar encontré dos en las que, cada una a su manera, usaban una frase atribuida según entiendo a Steve Jobs. La frase, empalagosa de arranque, sin redención posible, es dizque «Stay foolish. Stay hungry» o tal vez al contrario, que da lo mismo. El primer candidato la soltaba sin comillas ni ironía en el medio de una carta de postulación genérica donde disimulaba sus inseguridades vocacionales con parrafados compuestos a retazos sobre sus méritos físicos y espirituales. El otro la colgaba de una esquina de una hoja de vida que también incluía una gráfica de torta con tajadas para describir la distribución de un día cualquiera de su vida actual. Apenas le quedaba tiempo para la felicidad al pobre muchacho. Y bueno, pensaba en eso de perseverar en la estupidez y el hambre y en las condiciones azarosas que permiten que un hombre ascienda hasta un nivel social tal que semejante frase absurda (no importa la interpretación iluminada que pretendan encajarle: el hambre y la estupidez no conducen, ni siquiera comprendidos metafóricamente, a nada deseable) pueda ser considerada inspiración y motivación para quienes nunca, en el fondo, se han sentido estúpidos ni han padecido ningún tipo de hambre pero aún así consideran que esas palabras si no los representan por lo menos simulan lo que quieren parecer. Pensaba, en fin, en la deshonestidad en la base de todo ese sistema de méritos falsos para encubrir casualidades y en la forma como permitimos que esas ideas vacías se vuelvan parte de lo que define, impulsa y guía.