Ayer después de acostarme recordé que hoy pasa el camión de la basura así que me enfundé en chompa y pantalón de nieve sobre la piyama y salí embotado a arrastrar los contenedores de basura saturados desde su refugio hasta la acera a través de la nieve fresca. Ahí descansan esta madrugada con sus bocazas abiertas a la espera del camión que los librará de su abundancia congelada. Desde la sala parece como si rogaran misericordia a la calle vacía.