Parece que un porcentaje altísimo de escolares en Toronto viven a distancia caminable de su colegio y solo algo así como un diez por ciento usan transporte escolar. Esto en parte pasa porque los colegios públicos son la norma amplia, no importa el nivel socioeconǫmico. Los colegios públicos de barrio además generan comunidades ricas en formas de vivir y proveniencias, lo que repercute en la forma como las niñas ven a las personas que las rodean: con confianza y respeto. Eso, en una ciudad grande y moderna, cuna de soledades, es mucho más valioso que cualquier lista de exclusividades de complejos residenciales y colegios para pocos.