A principio de esta semana leí Divorcio en el aire de Gonzalo Torné, una novela intensa que se sostiene sobre un narrador con una voz saturada y repelente que funciona (para mi sorpresa) de maravilla como herramienta para (no sé ni cómo decirlo) abordar una aproximación asincrónica de la experiencia desde el colapso recurrente que ejecuta la memoria. Me impresionó muchísimo el trabajo de confección de esa voz (su cadencia, su compromiso con la continuidad, sus preferencias en cuanto a vocabulario, sus juegos estructurales y humores a varios niveles) y la forma como viste con ella a un personaje miserable, derrotado por sus propias inmundicias, que intenta aferrarse a sus pedazos quebrados de humanidad. Es un trabajo muy fino, admirable de verdad.