Me entró hace poco una preocupación por mi forma de relacionarme principalmente a través de espacios donde cada palabra es siempre para muchos, no importa cuan dirigida o personal sea. Esta escenificación permanente de la vida social conduce a un histrionismo ansioso de reacción, a una búsqueda de efectos en un público siempre atento, donde el propósito de establecer vínculos se difunde y prima la exposición de filos y agudezas y la creación de un personaje que los encarne. A veces creo que me da miedo el aislamiento (más que la soledad) y por eso recurro a esas concurrencias. Son a las relaciones con otras personas lo que KFC es a la comida. Me permiten evadir el trabajo que requiere en mi caso cultivar y sostener relaciones perdurables en mi entorno cercano: estoy ocupado, pendiente del ruido, presto a responder y contribuir. Me cubre la carencia superficial, pero a la larga me vacía. De tanto en tanto, cada vez menos.