Este último año tuve un periodo largo en el que se me dificultaba muchísimo leer. No era cansancio. Más bien una forma de desconexión. En general, casi cualquier actividad que requiriera iniciativa y disciplina diaria por fuera del trabajo o las rutinas con la hija me costaba inmensamente. Y en el trabajo había una motivación primaria que me impulsaba, por así decirlo. Por momentos me angustiaba bastante. Procuré navegarlo con paciencia, perdonándome la ausencia, concediéndome tiempo. Practiqué con fervor (aunque no sin desesperanza ocasional) la autocompasión. Poco tiempo después del viaje a España algunas cosas empezaron a fluir otra vez. Lentamente recuperé los vínculos y empecé a sumar regularidades. Para este momento me siento recuperado, pero no podría decir que hice nada en concreto para salir de ahí más allá de tomar la situación con calma y convencerme de que era pasajero aunque se acumulara por meses. Con cautela he retomado algunos de mis hábitos y he vuelto a leer un algo a diario. Me hacía falta.