Hoy cumplo cuarenta y un años. Habrá poca celebración. Ayer comimos pastel con crema de maracuyá, mi favorito, de nuestra pastelería de confianza del barrio. Hoy estaremos casi todo el día afuera. Primero en clases de música y después en un concierto para niños de la sinfónica. Almorzaremos tarde en un restaurante tailandés que me gusta donde tienen un plato que es (palabras más, palabras menos) arroz frito con huevo y chicharrón. De ahí para la casa. Dormí mal y tuve un sueño raro en el que comprábamos una colección inmensa de Condorito que al instante demostraba ser un encarte por fuera de lo sostenible. Hace rato que no tenía de esos sueños obsesivos que no me dejan ni dormir ni despertar.