Caí en cuenta o recordé, mientras leía el libro de Melo sobre historia de Colombia, que nunca estudié historia de Colombia. Y con esto no me refiero a que los cursos de historia de Colombia del colegio hayan sido de mal nivel (que seguramente lo habrían sido) sino a que por modificaciones en el programa de ciencias sociales escolares que imponía el ministerio de educación en los noventa tempranos, terminé (me imagino que con muchos otros) en un limbo en el que el año que me correspondía estudiar historia de Colombia se resolvió que eso debería pasar el año anterior. Para colmo, este asunto coincidió con mis dos años en el colegio nacional de bachillerato de Lorica, donde los paros eran frecuentes y extensos, así que lo que quiera que correspondiera a esos cursos terminó abandonado a mi suerte. Ya de vuelta en el colegio de las monjas tuve una clase de historia con el profesor Fernando Díaz, que era un maestro entendido y dedicado y nos contó las guerras mundiales en unas clases que todavía, a veces, añoro.