Gustavo Petro es un genio político. No sé si gane o pierda en las presidenciales, pero está claro que logró demoler, con una jugada simple pero muy bien calibrada, la inercia que hacía hasta hace poco parecer a Sergio Fajardo como la opción competente para enfrentar a la derecha rabiosa. La movida fue organizar una consulta de precandidatos presidenciales paralela a las elecciones parlamentarias. De la Calle había organizado la suya hace unos meses, pero por fuera de una jornada electoral masiva, lo que lo hace parecer, en términos de votos, un alfeñique. Fajardo decidió concertar con López y Robledo, desaprovechando la oportunidad de plantar en la mesa un par de millones de votos que lo dejaran incontestable (aunque sospecho que un pleito prolongado entre esos tres los hubiera en cualquier caso inter-aniquilado). Petro en cambio, lento pero seguro, montó un referendo contra un señor Caicedo oriundo de Santa Marta, y los votos llovieron porque votar en una consulta de esas tiene un costo mínimo a nivel de cada votante (y no había otra consulta compitiendo por votantes similares) pero simbólicamente, al aglomerarse, se puede proponer como una demostración de ventaja evidente ante candidatos sin votos en la mano.

Puede que esta ventaja sea imaginaria. Puede que incluso los verdes, en la práctica, hayan demostrado mayor efectividad electoral con sus resultados en el senado, donde duplicaron curules gracias en parte a la participación de Mockus. Nada de eso importa porque estas lides dependen bastante de percepciones e intepretaciones mediatizadas, y a ese nivel ahora mismo no hay nada que compita con Petro y sus tres millones y tantas papeletas no fotocopiadas. Le quedará difícil a Fajardo remontar. Y si De la Calle, Fajardo y Petro se enfrentan Duque la tendrá barata. Tal vez Vargas Lleras se meta en la pelea por la segunda vuelta gracias a su reconocida maquinaria. Será derecha contra derecha, y en ambos lados fuerte oposición al proceso de paz recién parido. Si Petro logra concertar con Fajardo o De la Calle tal vez haya una alternativa, pero incluso en esas condiciones será una elección sufrida. Hay que empezar a pensar en cómo salvar el proceso de paz.