Primer día en Bogotá tras muchos años fuera.

Aquí vendría algo vago sobre las ciudades y su ansiedades: lo que no son y quieren ser, lo que no pueden dejar de ser.

Después una mención obligada a mi preferencia por las simetrías, lo que perdura pese a la constante transformación. El valor de lo fantasmal y su inherente terquedad.

Aunque no sé si el fantasma seré para este punto yo. Siempre queda esa duda.