Pensaba mientras caminaba por la séptima esta mañana en el animal bogotano. Su amabilidad selectiva, calculada. Su dominio estratégico de la bestia. La exigencia de presencia que lo resguarda. Sus invisibilidades y desatenciones. Sus pasiones fugaces. Hoy buscaba en periódicos el álbum del mundial de fútbol.

Pensaba que alguna vez quise ser ese animal. Lo admiraba. Nunca tuve lo que requería. Me aterraba. No tenía el instinto. O el arrojo. El ruido me fascinaba y me intimidaba. De noche caminaba por los separadores para que no me atrapara.

Siento la ciudad menos agresiva de lo que la recordaba. Pero sigue siendo difícil, desbordada, orgullosa. Cada rincón un exceso. No me puedo distraer.