En el taxi al aeropuerto hablo con el señor sobre su negocio y el tráfico de la ciudad. Culpa a Uber de los trancones. Ha perdido amigos que dejaron el taxismo para convertirse en conductores de Uber. Siente que Uber lo asalta: es una competencia injusta, por fuera de las reglas a las que él se acoge. Acepta eso sí con tristeza los problemas de su gremio y reconoce que la desconfianza a los taxistas es merecida. Le preocupa su futuro, pues cada vez siente que gana menos. Le alivia haber sacado sus dos hijos adelante. Uno recién termina la universidad y la otra termina en dos años. Diecinueve años dedicado a transportar gente por la ciudad.