Ya en cuatro o cinco conversaciones he oído variantes de una teoría de conspiración según la cual el impulso de Petro es (parcialmente) promovido por el combo de Uribe para generar una segunda vuelta donde Duque cuente con un opositor en sus términos, que refuerce la disyuntiva de la que tanto se han beneficiado. Y no sé, se me hace que esas teorías además de concederle a Uribe una capacidad de maniobra política casi ilimitada (y una inevitabilidad fatalista que lo sostiene en el centro de la conversación, lo que ciertamente le conviene), le terminan de paso desconociendo méritos a la campaña de Petro y realidad a las bases en las que se asienta su discurso: la decepción amplia que él canaliza tan bien. Desde mi desconexión es poco claro que Duque tendría una victoria fácil ante Petro, en parte porque creo que el valor evidente del proceso de paz puede llevar a varios grupos por lo pronto distantes hacia su lado cuando de veras corresponda decidir. Algunos de hecho dicen que, de acuerdo a las encuestas y resultados de las elecciones para congreso más consultas, Petro sería el único con alguna esperanza ante Duque. Ni idea. Con tanta variabilidad (y tanta torpeza al fondo) todavía hay suficiente tiempo para que el panorama dé un par de vuelcos más. Me impresiona mucho en todo caso el rechazo visceral que entre tanto progresista despierta Petro incluso cuando se contrasta con el pelafustán de Duque y su patrón. Serían más comprensibles rechazos equivalentes, aunque a mi parecer Uribe sea varias escalas más despreciable que Petro incluso en su peor versión.