De regreso en Toronto. Trajimos libros y dulces. También café. Fueron dos semanas intensas de encuentros y reencuentros con lugares y personas. El mundo que dejamos atrás siguió su curso pero aún es nuestro, lo que reconforta pero también perturba. Supongo que es parte de la experiencia canadiense y la dualidad esencial que casi que exige el exilio en este país tan raro que elegimos (o nos eligió) para asentarnos.

Los gatos nos recibieron con reclamos y la sala sumergida en pelos. Después de dormir hice limpieza general con la aspiradora. La rutina tranquila se reinicia.