No recuerdo ya de qué se trataba esto.

La última vez que escribí hacía frío. Ahora el tiempo es tibio, casi amable. Viajo en bicicleta a diario. Me siento, en consecuencia, mejor en general. En cosa de un mes la empresa en la que trabajo se muda a una oficina junto al lago y el paseo será todavía más agradable. Eso me tiene ilusionado.

En la casa tenemos una nueva inquilina. Todavía no se adapta de todo a la manada y los otros gatos tienen sus prevenciones no totalmente infundadas. Por las noches sale de su escondite a jugar en la sala y maullar. Plinio y yo la (ad)miramos desde el sofá.

Hoy leí The Surrender un ensayo de Veronica Scott Esposito sobre su deseo de ser una mujer y su lento proceso de reconocimiento de la legitimidad de ese deseo. Me encantó.