Llamaré “asombro cósmico” a lo que hace De la Pava sin encariñarme de más con el terminacho, solo por decir que hay algo primigenio ahí al fondo, una insistencia en que la inmensidad del universo se manifiesta y unos cuantos mortales, por circunstancia o sintonía innata, resuenan atónitos en respuesta pese a la incomprensión insalvable.

En Lost Empress, su nueva novela, la estructura se articula mediante tangencias y contrastes, con una decena de personajes a la vez aislados y en constante reflejo con las tramas circundantes, que a su vez se disponen en capas sobrepuestas con puntos de encuentro explícitos aunque breves que son anudados con una red amplia de coincidencias más sutiles. Esta red modula la experiencia mística compartida que hace que la novela encaje. Tal y como en A Naked Singularity, predomina un desinterés por construir una historia en la norma. En su lugar De la Pava desarrolla tesis y las expande y se permite en los márgenes todo tipo de experimentos locales que mezclan voces, tonos, perspectivas y esquemas narrativos donde intercala humor (físico y verbal (que se siente físico)) con comentario político centrado en el sistema penitenciario gringo, una exploración de la experiencia de la muerte y el duelo, fragmentos de hermenéutica bíblica, reflexiones sobre el fútbol americano, postales de la inmigración latinoamericana en Nueva Jersey, escenas de sitcom, y un larga revisión, a saltos, de la obra de Joni Mitchell.

Si A Naked Singularity era una novela sobre la ejecución íntima de la perfección como principio estético, Lost Empress trata sobre los alcances de la fuerza de voluntad cuando se propone objetivos formidables. Como en A Naked Singularity, la novela incluye una inyección vigorosa de metafísica cosmológica, esta vez centrada en las dinámicas del tiempo y su percepción.