Las noticias me abruman entonces me retraigo.

La gata crece, el trabajo me entretiene, la hija cierra sus años de kinder pasado mañana.

Me entero de que mi abuela paterna, en Cali, ya no puede respirar por sí misma. Su partida ha sido lenta. ¿Qué será de toda esa vida que se refunde con la demencia? Tras casi una década deshaciéndose, el cuerpo no la contiene. No sé quién sea la que lo ocupa.

Mañana vuelvo.