Anoche empezamos a ver Westworld después de meses de conversaciones con Daragh (cada vez más entusiasta) al respecto. Me gusta mucho esa perspectiva que empieza a ser explícita a partir del capítulo tres o algo así sobre el valor de la memoria y especialmente de la memoria dolorosa, de lo que se pierde cuando se renuncia a recordar. Los anfitriones son más reales cuando son expuestos a una experiencia traumática, sugiere uno de los huéspedes, pero la experiencia es inmediatamente negada por el sistema del parque. Que la consciencia surja de permitir que fragmentos de estas sensaciones subsistan por error, así sea atenuadas y difuminadas, es una idea inspiradora. Tiene sentido.