Creo que ya cumplí diez años de salir del postgrado. Arranqué en 2001 y en diciembre de 2005 empecé una pausa en España que duró dos años y medio. Durante el segundo semestre de 2007 retomé y en 2008 saqué la vaina por fin. Fue una buena experiencia en general, enriquecedora, iluminadora, pero en cuanto a lo que importaba me quedé sin entusiasmo a la mitad; me empezó a saber a nada. Creo que nunca logré recuperar el gusto por esas pesquisas de abstracciones tan solitarias. La enseñanza, eso sí, nunca la he dejado de apreciar. Y la matemática como campo de conocimiento, como parque para pasear y entretenerse, me sigue pareciendo emocionante. Tal vez no debí haber continuado pero tampoco había alternativas claras y terminar me dejaba en un lugar más cómodo para buscar oficio. Igual costó a la larga, aunque creo que más que nada por razones emocionales, por orgullos, por expectativas y exigencias propias. A esos años formativos les debo bastante de lo que soy ahora.