Algo que pensé mientras leía The Outsider, de Stephen King: lo sobrenatural es una explicación latente. No es renuencia o negación, sino la alternativa ahora inaceptable aunque tal vez preferible cuando los postulados que sostienen la realidad colectiva entran en contradicción. Esto puede ser debido a límites de la percepción pero también a nuestros grados de libertad autoimpuestos, o a las debilidades de la mente (¿o la cultura?) y su necesidad fisiológica de entender y estructurar de acuerdo a parámetros simples. Los verdaderos monstruos aprovechan nuestra resistencia a concebirlos, a concederles presencia, para servir de cauce a sus barbaries. Son poderosos porque no creemos en ellos (o en lo que están dispuestos a hacer). Nunca los vemos llegar. Somos su principal coartada.