En el mundo de los mumin hay unas criaturas minúsculas sin cara llamadas hatifnat que surcan el mar y los ríos en pequeños barcos rudimentarios. También caminan cuando así lo requiere su viaje. Como siempre quieren estar en otro lugar, nunca llegan a su destino. “No hablan y no quieren a nadie”, explica el mumintroll. “Nunca sabes si un hatifnat está contento o enfadado, triste o sorprendido. Estoy segura de que no tienen sentimientos”, dice la mamá del mumintroll. En el primer libro de los mumin, el papá del mumintroll ha desaparecido y el mumintroll y su mamá salen de viaje a buscarlo. Más adelante se revela que el papá se unió a un grupo de hatifnat (fue engañado para que se fuera con ellos) y abandonó a su familia. Inicialmente todo parece un detalle menor, pero de pronto la mamá del mumintroll se suelta a llorar desconsolada recordando su partida y en respuesta todos se abrazan y lloran. Al final lo encuentran a salvo en el medio de una gran inundación. No hay resentimiento. Tampoco disculpas. Todo es perdonado con el reencuentro. El papá les cuenta que lleva meses intentando encontrarlos para llevarlos a una casa que construyó y hacia ella parten. Los hatifnat vuelven a aparecer en otros libros. En este que leemos ahora cuentan que mientras navegan o caminan agitan las manos en el aire, como saludando el horizonte.