Fuimos a ver a Café Tacvba. Fue como encontrarse con la juventud. Estábamos muy cerca del escenario y todo fue intenso y feliz. Cantamos, bailamos y saltamos. Nos dejamos contagiar por la sonrisa generosa de Rubén. Café Tacvba representa bien, desde su mexicanidad rampante, la riqueza y potencial de la nación latinoamericana, ese impensable político que es a la vez una realidad latente, casi inevitable, en el exilio. Estos encuentros me exacerban lo más parecido a un nacionalismo que llevo adentro.