Rango Finito

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Hoy estuve leyendo sobre procesos de Mondrian mientras esperaba resultados de algunos cálculos. Son una especie de familia proyectiva de distribuciones de probabilidad de árboles k-dimensionales. Los usan para armar bosques aleatorios que se puedan extender naturalmente cuando llegan nuevos datos (sin necesidad de re-entrenar con el conjunto de datos acumulado entero) y aparentemente son bastante competitivos en ese aspecto (un asunto del que sé poquísimo, por lo demás) y comparables en desempeño a bosques aleatorios clásicos cuando se entrena con el conjunto de datos entero. Creo que hablaré algo sobre eso el viernes en el seminario del equipo.

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No entiendo bajo qué estado mental los protagonistas de A Quiet Place resuelven quedar embarazados en medio de semejantes circunstancias. Sospecho que además el sistema parasimpático se encargaría de reducir fertilidad al mínimo dada la angustia constante. De resto muy buena.

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Después de todos estos años seguirán otros que también serán estos. Al menos ya no los lamento.

En el parque ayer temprano había una mujer que hacía ejercicio con una espada china larga y flexible de penacho rojo en el mango, reluciente. Estoy seguro de que eso es ilegal pero por otro lado la señora no parecía un peligro para la comunidad, así que le permití expresarse libremente. Además en algunos años seguro que todo eso le será útil si sobrevive a los primeros días.

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Anoche leía las columnas de Elena Ferrante en The Guardian. Hay una sobre su renuencia a usar puntos suspensivos donde dice:

My decision didn’t have anything to do with writing, and maybe not even with ellipses; it had to do with the very idea of suspension. Sometimes we’re silent to keep the peace, sometimes out of self-interest, knowing we shouldn’t speak or everything will be ruined. But more often we’re silent out of fear, out of complicity. Silence can be criticised, but it has the virtue of being a clear choice. It’s when we decide to break it, to speak, that we have to get to the end without slipping away, without the convenience of ellipses.

Me recordó una época cuando escribía diálogos en los que las oraciones eran mutiladas no por la ausencia de palabras, miedo o falta de compromiso sino porque el intercambio era marcado por interrupciones y se adaptaba por ende a un modo (o eso quería creer) que permitía transmitir el mensaje entre los interlocutores sin jamás conceder ideas plenas, con un plano implícito donde todo se clausuraba a la larga, sin necesidad de un cierre formal, siempre tan abrupto y rotundo.

También pienso que esa maña de la conversación basada en incompleteces nació de mi evasión, más que todo por pereza, de los detalles. Así podía proseguir sin claridad y delegar la responsabilidad de los vacíos a los otros. Siempre he hecho eso de alguna forma.

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Se ve mejor la vida así.

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Párrafo sobre la imagen de una señora con sobrepeso que cruza Greenwood Avenue arrastrando una bicicleta eléctrica aparatosa cuya llanta trasera no solo está pinchada sino de alguna forma bloqueada: el rin metálico raspa el pavimento, o se raspan mutuamente. El cruce agónico toma casi un semáforo entero y al llegar a la esquina opuesta la oigo maldecir, recuesta la bicicleta contra un poste, respira hondo, suspira y saca un teléfono, que aparentemente tampoco funciona.

Algo acá más largo sobre la dependencia a las cosas. Sobre la posesión que nos convierte en propiedad de los verdaderos dueños.

2

Motivo cambio de oficina ahora ruedo seis kilómetros diarios más. El viaje es, tal y como suponía, más agradable. Pero tiene trayectos continuos prolongados y yo estaba acostumbrado a las pausas que requiere el recorrido callejero así que las piernas me fallan. Hoy no tanto como antier. Y supongo que mañana será menos hasta que deje de sentir. El propósito es siempre ese: hacer y hacer hasta dejar de sentir.

1

Las noticias me abruman entonces me retraigo.

La gata crece, el trabajo me entretiene, la hija cierra sus años de kinder pasado mañana.

Me entero de que mi abuela paterna, en Cali, ya no puede respirar por sí misma. Su partida ha sido lenta. ¿Qué será de toda esa vida que se refunde con la demencia? Tras casi una década deshaciéndose, el cuerpo no la contiene. No sé quién sea la que lo ocupa.

Mañana vuelvo.

Los atroces

El gobierno de Uribe se concentró en destruir el tejido social e imponer un orden moral donde el asesinato de muchachos pobres para inflar estadísticas operacionales se viera como un descuido. La guerra eterna como propósito.

Tras dejar la presidencia, Uribe ha persistido en su agenda, doblando la apuesta, motivado por mezquindades, orgullos y rencores. Ocho años dedicado a colapsar el proceso de paz y otros avances progresistas que Santos impulsó.

La elección de Duque es la oportunidad que espera para retomar el poder pleno que en el fondo nunca quiso perder. Y el centro de su política será castigar a quienes lo desobedecieron, ignoraron o traicionaron. Para Uribe así se clasifica cualquiera que escape a su dominio.

Duque, un petimetre trepador y ambicioso sin capital político alguno, no tiene la fuerza de voluntad ni los apoyos para distanciarse cuando el señor oscuro empiece a dictar órdenes ejecutivas e imponerse. Por eso Uribe lo eligió.

***

Por eso no hay espacio para el optimismo en el programa de Iván Duque. Sus principales propuestas son regresivas y punitivas. Promete más retornos que partidas. El futuro de Duque es un presente amarrado y amordazado, con miedo de avanzar, con cada cual en su lugar.

Se siente como el programa de un derrotado. De cierta forma, y pese a su popularidad, Uribe y los suyos siempre se han comportado como hombrecitos timoratos y arrinconados, aterrados del afuera, sin mayor oferta que la oficialización de sus temores y rencores.

Ahora mismo, en contraste, la candidatura de Petro y su mensaje aglomeran personas ilusionadas y comprometidas con el futuro, que queremos armar un país más abierto, esperanzado, atento a sus desigualdades y menos reprimido e indiferente. Es un colectivo amplio al que me gusta pertenecer.

***

En lugar de atender e indignarse con las versiones más ruidosas y agresivas del apoyo a Duque, propongo exponer lo que no dicen, lo que ofuscan, lo que quieren esconder. Ese rumor de fondo es el caudal más corrosivo del movimiento que lo rodea, el que permite los peores horrores.

El ruido provocador de los rabiosos sirve, entre otras, para eludir la conversación acerca de sus postulados implícitos sobre el (poco) valor de la gente y el desprecio por cualquier tipo de diversidad de opinión, gusto o apariencia.

Un núcleo de la ideología pasiva de Duque es la completa falta de empatía. El otro es el resentimiento orgulloso, a veces incluso meloso, siempre presto, dada la oportunidad, a adoptar la forma más atroz y sombría.

Emperatriz

Llamaré “asombro cósmico” a lo que hace De la Pava sin encariñarme de más con el terminacho, solo por decir que hay algo primigenio ahí al fondo, una insistencia en que la inmensidad del universo se manifiesta y unos cuantos mortales, por circunstancia o sintonía innata, resuenan atónitos en respuesta pese a la incomprensión insalvable.

En Lost Empress, su nueva novela, la estructura se articula mediante tangencias y contrastes, con una decena de personajes a la vez aislados y en constante reflejo con las tramas circundantes, que a su vez se disponen en capas sobrepuestas con puntos de encuentro explícitos aunque breves que son anudados con una red amplia de coincidencias más sutiles. Esta red modula la experiencia mística compartida que hace que la novela encaje. Tal y como en A Naked Singularity, predomina un desinterés por construir una historia en la norma. En su lugar De la Pava desarrolla tesis y las expande y se permite en los márgenes todo tipo de experimentos locales que mezclan voces, tonos, perspectivas y esquemas narrativos donde intercala humor (físico y verbal (que se siente físico)) con comentario político centrado en el sistema penitenciario gringo, una exploración de la experiencia de la muerte y el duelo, fragmentos de hermenéutica bíblica, reflexiones sobre el fútbol americano, postales de la inmigración latinoamericana en Nueva Jersey, escenas de sitcom, y un larga revisión, a saltos, de la obra de Joni Mitchell.

Si A Naked Singularity era una novela sobre la ejecución íntima de la perfección como principio estético, Lost Empress trata sobre los alcances de la fuerza de voluntad cuando se propone objetivos formidables. Como en A Naked Singularity, la novela incluye una inyección vigorosa de metafísica cosmológica, esta vez centrada en las dinámicas del tiempo y su percepción.

Compañías

No recuerdo ya de qué se trataba esto.

La última vez que escribí hacía frío. Ahora el tiempo es tibio, casi amable. Viajo en bicicleta a diario. Me siento, en consecuencia, mejor en general. En cosa de un mes la empresa en la que trabajo se muda a una oficina junto al lago y el paseo será todavía más agradable. Eso me tiene ilusionado.

En la casa tenemos una nueva inquilina. Todavía no se adapta de todo a la manada y los otros gatos tienen sus prevenciones no totalmente infundadas. Por las noches sale de su escondite a jugar en la sala y maullar. Plinio y yo la (ad)miramos desde el sofá.

Hoy leí The Surrender un ensayo de Veronica Scott Esposito sobre su deseo de ser una mujer y su lento proceso de reconocimiento de la legitimidad de ese deseo. Me encantó.

Bordes

1.

El sistema mediático beneficia a la declaración desbordada. Una vez proferida, da igual si es imposible de corroborar en tanto que su potencial refutación requiera tiempo por encima del período principal del ciclo noticioso, o sea alrededor de un día. Una vez supera este margen la declaración persiste a través de su impacto colectivo, de la impresión visceral que promueve, y fuera de exigencias de realidad.

2.

Esto es parcialmente consecuencia de una estructura periodística con pudor por la mediación, la interpretación y la confrontación, actividades que considera contrarias a su aspiración de objetividad suprema.

3.

En el caso frecuente cuando la declaración desbordada es una respuesta a evidencia comprometedora, la estrategia se concentra en la evasión legal, mediante demandas por injuria de bajo costo y alta visibilidad. El registro de la demanda de presenta como prueba irrefutable de inocencia (así más tarde se retire). ¿Quién, desde la culpa, demandaría al que lo expone?

4.

Otra estrategia desbordada de uso común es la equivalencia de una acusación personal con una acusación extensa: la sugerencia de que cuestionar la idoneidad del líder es también poner en duda la rectitud moral de todos aquellos que lo respaldan, o los (sacrificados) hombres a su mando, o la población en pleno (o las instituciones que la cubren.)

5.

El acceso mediático del líder crea una ventaja de partida en cualquier asunto que le incumba. Le permite controlar la perspectiva y énfasis y plantear cada infamia bajo su mando como un asunto de opinión.

6.

A la sazón, el líder desbordado, encarnado en el honor de su pueblo, amparado en su derecho inalienable a la difusión preferencial, existe en un espacio mediático de confección propia impermeable a la evidencia en su contra así esta se acumule por décadas, así su equipo de trabajo caiga entero como culpable en procesos penales de conspiración criminal a su favor, así sus aliados más cercanos tengan vínculos evidentes con organizaciones asesinas, así su omnisciencia legendaria se desvanezca a conveniencia cuando lo haría cómplice, así todos coincidan en que un helicóptero de la gobernación a su cargo y otro del ejército sobrevolaban la masacre a la que ninguna autoridad, por desgracia, alcanzó a llegar jamás.

Masacres

Las masacres tenían una estructura. Seguían una coreografía montada con cuidado sobre planos, en reuniones previas con militares, terratenientes, empresarios y políticos que aportaban información y recursos. Cada masacre era un trabajo metódico de equipo documentado en libros de contabilidad para entregar reportes a los diferentes interesados y permitir una ejecución replicable y predecible, escalable, sin contratiempos, sin responsables precisos y de impacto controlado. En las masacres se administraban la muerte y la opresión como se administra un negocio porque eran un negocio con intereses económicos y políticos concretos que se amalgamaron y consolidaron en el vacío de poder tras la caída de Escobar. Su objetivo era el control de territorios y habitantes; minería de cuerpos y respetos.

Las masacres eran una manifestación del estado. No provenían de su ausencia. El estado era, en las tierras colombianas asoladas por violencias, la presencia última y cruel que determinaba de una buena vez quién merecía qué y hacía ley. Cada pueblo arrasado era de golpe inaccesible e inaceptable en tanto que recién juzgado y condenado. Indagar en la masacre era cuestionar la autoridad (con caligrafía prolija de monaguillo) que la masacre representaba: la de la gente propia, recia e intachable que había decidido sacrificarse, tomar las riendas y hacer lo correcto así doliera (violara, mutilara, decapitara, rebanara, castrara, apaleara, torturara, abaleara, empalara, apuñalara, humillara, desplazara y desapareciera). Su brío sombrío nos rescataba.

Burro

En el pueblo se acaba el burro, lo remplaza la moto, que es más noble y ruidosa y tiene más prestigio porque amenaza. Nadie mata ni se mata en un burro.

Dice mi mamá que el burro se acaba porque los chinos lo compran al por mayor y lo enfrascan en contenedores hacia el Pacífico para preparar con sus entrañas o tal vez sus huesos no sé qué gelatina milagrosa que lo cura todo. Una medicina tradicional ahora industrializada arrasa con un nueve por ciento de la población mundial de burros cada año. En la versión conspirativa de esta historia, China masifica y abarata motos para propiciar el intercambio. Sea como sea, los burros se acaban.

Este año, durante la versión número treinta y uno del festival nacional del burro de San Antero, vi pocos burros de paso a Cispata. Algunas calles estaban cerradas y contemplamos esperar lo que parecía un inminente desfile de burros disfrazados de La Niña Mencha, un personaje que jamás ha sido (con justicia) superado por el imaginario local. La calor no lo permitió. Más tarde nos enteramos de que ese día no había burros sino tal vez personas disfrazadas de burro o comparsas de madera para honrar a los burros (muy posiblemente sobre motos), algo que no sé si con intención daba la apariencia de un entierro colectivo, o una fase más de la transformación del burro (como símbolo nostálgico de una forma caduca de vivir) en ritual o leyenda.

Pruebas

Qué sencillo explican pruebas de hipótesis aquí. Muchas vueltas di antes de poder agarrar con comodidad qué era lo que esos procesos aparentemente disímiles compartían. La metodología de la entrada enlazada combina bien con las técnicas bayesianas que presenta tan bien Statistical Rethinking, mi libro favorito en estos asuntos.