Rango Finito

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Vacío

Me preguntó mi supervisor en el trabajo que cuáles eran mis objetivos de desarrollo personal y profesional dentro de la empresa. Algo para definir criterios de evaluación. Le intenté explicar que yo poco pensaba en esos términos. Que las carreras no eran algo que me preocupara y que lo que me importaba, sobre todo, estar en un lugar a gusto y entretenido. Ojalá con suficiente libertad de maniobra. De resto, que si quiero manejar equipos más grandes o tomar decisiones a niveles superiores o tener más responsabilidades, pues no sé. Lo voy mirando a medida que se dé. En últimas él sabe que yo termino trabajando de cualquier forma mucho más de lo que debería, o por lo menos cubriendo asuntos que en realidad no me corresponden, solo porque siento que me afectan y sufro desde siempre de horror vacui existencial. Esa, ahora que lo pienso, es posiblemente la virtud (si se le puede llamar virtud a eso) que me hace más o menos valioso dentro de empresas pequeñas todavía en proceso de invención.

Alimentación

Ya miércoles. Fuimos a comer pizza después de recoger a la niña. Por lo general M. la recoge pero hoy iba tarde así que salí yo a la carrera de la oficina a rescatarla. No es tan lejos, en realidad, así que a las cinco y media ya estaba con ella. La pizzería es una nueva del barrio, junto a la carnicería ecuatoriana, donde venden pizza cuadrada y honda con sabores paranormales (es decir, que no se adaptan a las leyes de la naturaleza de la pizza). No estaba mala la pizza pero por error nos dieron una grande en lugar de una pequeña así que nos sobró más de la mitad. La guardamos en una cajita y sospecho que eso comeremos por los próximos dos días. En el trabajo hoy había salmón o pollo con varias ensaladas. Se podía uno u otro y yo me fui por el salmón porque el pollo era una tajadita miserable, pero el salmón resultó reseco así que no sé si tomé una buena decisión. Sospecho que en un mundo paralelo estoy aquí mismo decepcionado del pollo. Pocas veces es mala la comida en el trabajo (un par de días en los seis meses largos que llevo; tienen un servicio que trae un restaurante distinto cada día, lo que asegura si no calidad por lo menos diversidad) y la verdad es que salvo por la proteína animal el resto estaba más que bien.

Omisión

Algo que omití en la entrada anterior al respecto de la leche que se me hace exacerba la repulsión ante el repentino sabor a animal vivo es que se supone que era deslactosada, o sea que es una leche que ni siquiera pretende serlo en su esencia. La contradicción de comprar leche deslactosada que además pretende ser de granja no se me escapa. A partir de cierta edad esas paraconsistencias asumidas se vuelven las verdaderas señas de identidad, por encima de los principios, siempre tan frágiles. Las razones detrás de mi consumo de leche deslactosada están conectadas, como supondrán, con las dolencias intestinales que he mencionado de pasada en otras entradas tal vez como una forma de acostumbrarme a su carácter crónico, o de aceptarlas como parte de lo que soy ahora que solo decaigo. Diría que alguna vez abordaré a fondo su naturaleza, pero todavía conservo algún pudor de base, pese a lo que pueda parecer.

Espurios

Pasó que la leche de la caja que abrimos esta mañana sabía más a vaca de lo tolerable, y como resultado la niña no pudo tomarse ni un sorbo entero de su leche con vainilla. La marca de leche que compramos se precia de sus procesos simplificados que reducen la distancia digamos química entre el consumidor y la teta del animal. Así explican su costo, ligeramente superior al de sus pares de mostrador. Recuerdo que la primera vez que la probamos, en una cata de supermercado, hablamos elogiosamente de la diferencia no solo en textura sino en olor y sabor: es decir, consideramos ese sabor, que asociamos con la vida de granja, como un valor. Pero hoy por la razón que sea este sabor dominaba por completo y fuimos incapaces de tomarla. Era demasiado leche. Tanto así que tuvimos que botar el resto por el desagüe. La situación me recordó la escena de Matrix donde discuten el verdadero sabor del pollo. Quién sabe cuántas cosas que creemos que son ya no son. En fin, pequeños dramas del consumidor de nostalgias falsas.

Choque

Es tarde y quiero dormir pero antes de eso quería dejar algo escrito acá.

Anoche dormí junto a la niña, en su cama auxiliar para visitas, y me despertaron mis urgencias intestinales por ahí a las cinco. Desde entonces estuve ocasionalmente pendiente de las noticias desde Barcelona, intentando entender, a través de reportes escuetos y el ruido de las opiniones que abundan en todas las direcciones, qué pasaba durante el referendo. A media mañana de Toronto, mientras descansaba por Laia en el parque, era claro que la guardia civil había llegado con órdenes de arrasar y eso hicieron. Era una fase del proceso, podría decirse. Algo si no predicho por lo menos esperado (lo que no lo hace menos doloroso). La cadena de provocaciones montada por Puigdemont et al. estaba destinada a generar una respuesta salvaje de los imbéciles en Moncloa y así pasó. Tal vez antes de lo planeado. Tal vez por fuera de lo previsto. Da igual. El resultado fue óptimo: la barbarie policial consolidó la movilización y a partir de ahí daba lo mismo cuántos votaban y por qué; lo que importaba era el acto de resistencia: la respuesta enérgica a los opresores. Ya los políticos se encargarían, al final del día, de otorgarle el significado que conviniera. Así es como Puigdemont salió hace unas horas a anunciar que la jornada fue un éxito y el proceso para declarar la independencia entra en marcha. Cuentas inconstatables de votos fueron seguidamente publicadas arrojando un cómodo noventa por ciento de aprobación con un número de votos que alcanza el cuarenta y tanto por ciento del censo electoral. Una fantasía, pero da lo mismo todo. Los números son decoración en una decisión que requería más los heridos y disturbios que los votos. Lo que sigue es tan incierto como ayer pero más enrarecido (aunque los hay que celebran). Se viene una huelga y Dios sabe qué siga después. Hoy todos perdieron salvo las derechas de ambos bandos, revitalizadas por los patriotismos y la confusión. Quiero creer que sus posiciones de ventaja son frágiles.

Por lo pronto me gustaría ver a Rajoy caer. Cualquier ruta al diálogo que de verdad necesita Catalunya pasa por ahí.

Conservado

1.

Hoy sábado transmito desde el conservatorio, donde la niña tiene clase de piano a las nueve y media de la mañana con una señora nacida en Ucrania antes de que todo lo que damos por obvio fuera concebible y emigrada a Canadá ya más mayor vía Chile, por donde su familia pasó pero tuvo que salir, de nuevo, huyendo. Ahora vive en London, Ontario, y viene los fines de semana a la ciudad a dictar clases. Una expatriada en el sentido estricto de la palabra, no como esos niños gringos que se van a Europa a montar guetos falsos alrededor de bares anglofílicos donde puedan sentir falsas nostalgias por algo que jamás han perdido.

Es una buena cafetería esta y supongo que entre semana, sin el tumulto, puede ser todavía mejor. Sirven el café con leche en vasos gigantes de vidrio de Ikea y tienen unos croasanes con jamón y queso que entran lo más de bien a esta hora (aunque como ando de dieta debo abstenerme). Si alguna vez me dedico a la independencia laboral este podría ser uno de mis despachos ocasionales junto a la biblioteca central en Yonge y Bloor y tal vez un par de cafeterías de Leslieville.

Aunque en realidad tengo pocas ganas de independencia. Los equipos de trabajo me divierten. Soy un ronin gregario.

2.

Me contaron que llegó una amenaza de matanza a un colegio cerca de la casa, el que nos correspondería por zona. Naturalmente, todo el mundo en el barrio quedó muy asustado porque se supone que esas cosas no pasan acá: son de esa gente del sur. Total es que duraron dos días en estado de alarma y creo que hasta tuvieron un día de receso preventivo y otro con el colegio acordonado por policías. Finalmente ayer las noticias reportaron que fue arrestado un sospechoso. No aclararon, eso sí, cómo estaba relacionado con la amenaza. Ayer también llegó otra amenaza por carta a otro colegio cercano, esta vez al occidente de la casa. Algún bromista de mal gusto detrás, me imagino. Ojalá que lo agarren pronto.

3.

Mañana andan en Catalunya de referendo independentista. Algunos amigos allá están preocupados. Es una situación complicada. Mucho menos clara de lo que la hacen parecer muchos comentaristas y además pésimamente manejada por los políticos mezquinos enfrentados en el trasfondo. La manipulación cunde. Ojalá que no termine en desastre. Parece que muchos quisieran eso para ser validados. Guillem Martínez ha escrito una serie de artículos diarios sobre el procés para Contexto y Acción que son de lo más afilado que he leído al respecto. Aquí el de ayer.

Lengua

Encontré este puesto de sánduches cerca del trabajo donde tienen uno de lengua de vaca que me ha reconciliado con el universo. Hoy lo pedí para llevar y eso comimos en la casa. Llegaron a la casa todavía calientes y jugosos.

Es difícil conseguir lengua por acá en estas latitudes con tantos remilgos dietéticos. Incluso el hígado requiere suerte. A veces, muy ocasionalmente, los encuentro en el supermercado. Con la lengua tengo el inconveniente adicional de que mi proceso de preparación de la tradicional lengua en salsa alcaparrada familiar pasaba por una llamada larga a mi abuela, y eso ya no se puede. Así que por lo pronto me resigno a lo que me ofrezca por ahí la mano invisible del mercado, tan hábil en complacerme cuando le conviene.

Alergia

No me acuerdo qué era lo que quería escribir cuando abrí el computador con el propósito de escribir algo que se me había ocurrido. A veces toma segundos perder por completo una idea que sonaba prometedora. Esto me hace dudar, claro, de su promesa. En estado idea todo suena mejor que al intentar concretar. En algún momento, en medio del proceso de hacerlo real, se disuelve el entusiasmo al contacto con el aire. Ayer intercambié mensajes con Nadya, lo que siempre me deja de buen ánimo. Ella me manda grabaciones y yo devuelvo párrafos de texto. Así nos entendemos, todo muy moderno. Creo que nunca me sentiría cómodo dejando mensajes de voz largos como los que ella me deja. No sabría explicar por qué. No tengo una buena relación con mi voz. Creo que es algo generacional. Los últimos días un calor majadero se tomó la ciudad pero parece que ya mañana se va y regresan las temperaturas que permiten el desarrollo de la vida. El otoño contiene los mejores días del año en cuanto a eso en general. Ojalá que no lo perdamos con los cambios del clima.

A raíz de la rinitis crónica que cargo desde la infancia mi médica recomendó tomar un examen de alergias así que el lunes fui a que me lo hicieran. Resulté alérgico a los bichos que cabalgan el polvo y también, en menor medida, a las cucarachas. La primera alergia siempre la había sospechado y la segunda me parece apropiada. Me recuerda una masacre de cucarachas que ejecuté en el apartamento de Barcelona el día que descubrí que había un nido dentro del motor de nuestra licuadora y a punta de golpes del motor contra el mesón con la mano izquierda las hice salir por decenas mientras con la mano derecha, usando copiosas toallas de papel, las aplastaba antes de que pudieran huir. Una escena horrible, de pesadilla. Ahora pienso que además estuve cerca de un shock anafiláctico de carambola. Habría sido un gran cierre para ese espectáculo grotesco. Maté cientos.

Recursos

En el cuarto piso del edificio donde se encuentra mi oficina, cuando se abre el ascensor, se ve una puerta cerrada con una placa que dice The McQuaig Institute. Llevo seis meses intrigado, imaginando qué harán ahí, sin atreverme a revisar lo que Google pueda decirme; postergando la decepción. Finalmente a principios de esta semana, en medio de un sueño, resolví buscar qué encontraba y terminé en una página web que permitía recorrer de pies a cabeza un cadáver humano abierto con la cara pixelada, en lo que parecería una autopsia bastante minuciosa en alta definición. Flotando sobre la imagen aparecían etiquetas que identificaban órganos acompañados de una descripción de su propósito y un precio. La crudeza era desconcertante. Ni en mis teorías más enloquecidas se me había pasado por la cabeza que pudiera ser un sitio de tráfico de órganos (mis sospechas más recientes apuntaban hacia una escuela de espionaje o detectivismo, cosas así). Y bueno, lo cierto es que cuando me desperté la memoria del sueño como sueño se había esfumado pero el recuerdo del sitio del instituto, aunque confuso, persistía allá al fondo en el pre-consciente, como parte de uno de esos recorridos cibernéticos sonambulescos de cierre de un día pesado en los que pierdo totalmente el rumbo, el buen gusto y la perspectiva. Así es como por ahí el miércoles, cuando de camino al trabajo se abrió el ascensor en el cuarto piso, pensé en lo perturbado que me había dejado la visita al sitio y en el descaro absoluto que tenían de promocionarse sin filtro ni dark web que los protegiera, así que me senté en mi escritorio con el propósito de revisitarlo, estudiar sus servicios con más cuidado, y entender cómo carajos se blindaban legalmente. Ahí fue cuando descubrí que en realidad era una empresa gris de recursos humanos con pésimos comentarios en Glassdoor.

«Pues no muy lejos del sueño», anota Mónica aquí a mi lado.

Psíquicos

Salió la niña con que cuando Netflix se congela y aparece el contador de porcentaje del buffer descargado la forma de hacerlo avanzar a buen ritmo y que el programa regrese es leer los números en voz alta a medida que cambian. Todo aquel que no cuente debe hacer mientras tanto silencio absoluto. Llevo dos semanas explicándole que mi contar o no contar no hace diferencia en el progreso pero ella insiste, y como nuestra conexión no es la mejor la escena angustiosa de reclamo de conteo en voz alta y pelea si cualquiera dice algo más se ha vuelto ritual familiar. A falta de religión tiene eso.

Recuerdo mis propias versiones de esa superstición cuando niño. La más recurrente, tal vez, era la creencia en que con el poder de mi mente podía hacer que volviera la luz cuando se iba. Requería un esfuerzo inmenso y casi siempre horas de concentración (no sé por qué ahora siento que también involucraba algún tipo de conteo) pero adjunto al alivio que llegaba con el final del apagón venía el orgullo secreto de haber contribuido psíquicamente a resolver lo que quiera que hubiera cortado el fluido eléctrico del pueblo. No sobra decir que durante algunos años de mi infancia la luz de iba por término indefinido con regularidad semi-diaria, así que las oportunidades para fortalecer mis habilidades psíquicas abundaban. A ese entrenamiento severo debo mi fama de vidente y sanador.

Extrañeza

Estoy intentando retomar la costumbre de levantarme temprano y escribir un poco por las mañanas antes de que empiece la vida real. Anoche no dormí muy bien debido a esto, ya que me desperté varias veces pensando cada vez que ya era la hora de levantarse y descubriendo con frustración que estaba lejos de serla. En la vigilia subsecuente pensé en un episodio de ayer, en el ascensor del trabajo: dos personas se pusieron a hablar y tuve una de esas regresiones en las que me sorprendo de poder entender lo que dicen pese a que no hablan mi lengua. No olvido el inglés sino que olvido que lo entiendo y entonces me incomoda hablar por un rato después de eso. Creo que nunca me voy a acostumbrar a vivir en otra lengua.

Virgulilla

La Novela Luminosa de Levrero me insta a retomar este diario abandonado, así sea de vez en cuanto (dejemos el error tipográfico), así sea solo para decir que aquí sigo, tan atento como ausente.

Compré hace varios meses un nuevo computador portátil marca Lenovo muy ligero (casi demasiado ligero) y cómodo que ahora poso en mis piernas para escribir desde la cama. Lo compré como ejercicio de resistencia contra los computadores de Apple que llevaba usando desde 2003 o 2004 ya que en sus últimos modelos me han parecido bastante insuficientes considerando el precio. Este Lenovo ha resultado ser un buen aparato. Hace lo que debe hacer, tiene lo que debe tener y no puso problema instalándole el GNU/Linux. El teclado, tal y como prometen todos los fanáticos de la serie ThinkPad, es un placer. Configuré el teclado para soltar tildes combinando el Alt de la derecha con «’» más la letra que corresponda. Lo malo es que la eñe sale con un «~» más la ene y la virgulilla está muy lejos, en la esquina superior izquierda, así que todavía no tengo totalmente automatizado el gesto y por ende prefiero evitar las palabras que usan esa letra de repente incómoda. Las tildes sí las llevo bien. Ya ni lo noto.

Casi siempre que compro o estoy por comprar cosas que considero costosas me entra una angustia que no sé aislar bien pero relaciono con cierto compromiso de «clase» que siento que traiciono al adoptar un nuevo lujo. Después del gasto duro sintiéndome culpable y hasta juzgado por semanas. La plata me incomoda. Lo pésimo es que cuando teníamos poca plata eso también me angustiaba. Uno nunca está feliz. Lo que cambia es el sabor de la insatisfacción.

Simple

Como siempre después de un rato de silencio no queda sino recurrir a la alternativa del reporte aunque en este caso no haya en realidad nada para reportar más allá de las declaraciones generales de bienestar y satisfacción dentro de los rangos apropiados, sin excederse. Por fuera de eso las dos semanas en España ayudaron no solo a descansar sino de cierta forma a poner la vida canadiense en perspectiva pues aún sin querer resulta fácil pasear por Barcelona y preguntarse qué habría sido de nosotros de haber persistido en una vida en ese lugar. Y aunque la ciudad sigue albergando a muchas de las personas que más queremos, también se siente esencialmente ajena y cada vez más excluyente. Creo que hay muy pocos universos contrafactuales en los que estaríamos tan establecidos allá como lo estamos (dentro de nuestros parámetros) acá. La semana que termina he asistido a varias películas del festival. El cine revitaliza e ilumina.

Leña

Un beneficio adicional del asado con leña es que al día siguiente, durante la ducha, el olor a madera ardiente revive y se toma el baño por completo, flotando, tal vez, sobre las partículas de vapor.

Mis abuelos ya ausentes viven en mi memoria dentro de ese olor.

Paradero

En el paradero a las nueve de la noche había un señor fumando una pipa tubular otrora blanca ahora más que quemada que requería, para su inhalación, posicionarse con el buche hacia el cielo y la pipa cual verga naval sostenída de la base con una mano mientras el encendedor a toda mecha en lo alto mantiene la sustancia a la temperatura adecuada. Una posición realmente incómoda, especialmente considerando que tenía los pantalones a media pierna y en descenso.