Rango Finito

Un blog para Mauricio Arturo

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Regret

So you want to kill yourself. That’s good. That’s PURPOSE. I’m not going to try to change your mind. I trust you: you’ve thought about it and really know what you’re getting into because, let me tell you, death is not easy, nice or final. It hurts like hell and you feel, trust me on this one, that it will never end (and in a way it doesn’t—the agony is eternal). Thus I assume you’ve considered your options and after some analysis you’ve come to the conclusion that dying is the only way out of your current (and most certainly tragic) situation. I am actually kinda proud of you for being so mature and rational about this. I respect you. Most folks come here saying that they want to kill themselves and when I ask if they’ve gone over the prerequisites they’re like what the fuck, boet, I thought you were gonna help me, so I have to tell them that my services are only for those who have done the deeds. I am not really judging them nor doubting their sincerity. I understand my position: they pay, I facilitate their demise. I don’t care if they’re dead or alive, but I want to minimize the chances of regret. It’s happened to me before: they die and then they come back complaining about the aftershit. It’s not as good as they hoped it would be. There is no heaven. I hate the food. The music is cheap. What did they do to my grandmother. That sort of crap. Or they’ve just realized that there was a trivial solution to their stupid personal dilemma but now it’s too late for that and they hate me for having so effectively done my part. That’s what I try to prevent. I don’t like ghosts flying around my room at night, screaming in sorrow and calling me names. It’s exhausting. I already have my wife and children for that.

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Everything good is comming my way

Eso escribió Michael Rafferty en Facebook horas antes de secuestrar, violar y finalmente asesinar a martillazos (con el apoyo de su novia) a una niña de ocho años. Dios sabe de qué hablaba, no importa. En el artículo breve del periódico que recopila detalles de la audiencia de ayer, recontextualizan la nota aislada y la convierten en otra prueba más de su perversión criminal (de su infección). No necesitan decir nada más: la frase demuestra que la barbarie no sólo era premeditada sino anhelada como un evento positivo en su futuro. La maldad estaba enquistada. Michael Rafferty es, no lo olvidemos, una víctima de esa fuerza oscura que, aprovechando su reconocida afición a las drogas, ofuscó su tendencia natural a amar al prójimo y vivir en la virtud.

Paciencia

La paciencia es una virtud de la cual carezco. Envidio a los pacientes. Envidio su capacidad amplificada para la minuciosidad y la disciplina. El trabajo de Mónica requiere paciencia y atención. A ella le sobran. Los procesos y experimentos de su laboratorio se desenvuelven lentamente y el fracaso es constante. La paciencia permite continuar pese a los baches, asimilarlos como avance. Las personas pacientes tienen una relación amistosa con el tiempo: no lo encaran como un oponente; es un medio que se habita. El arte que disfruto y admiro es producto de paciencia y disciplina. Aprecio las construcciones cuidadosas, el método, la creación sistemática. Quisiera poder escribir así. No encuentro mucho valor en la literatura de los escritores, digamos, viscerales, que no asumen control sobre sus historias y estructuras.

Tengo el propósito regular de volverme una persona más paciente. Primero con el tiempo y luego (más difícil) con los demás. Entre mis ejercicios está imponerme proyectos pequeños (y a veces reiterativos) que sé que me tomarán varios días y requerirán esfuerzo creciente. También procuro, no siempre lo logro, cocinar evitando el fuego alto. He notado (y cuánto me cuesta) que un cierto nivel de organización facilita la práctica de la paciencia. Cuando las herramientas no están dispuestas apropiadamente el progreso se convierte en un conjurador de distracciones y bifurcaciones que tientan mi tendencia natural a renunciar. La ansiedad y la paciencia no se llevan bien.

Lake Mungo

En mi teoría de bolsillo de lo sobrenatural que pretendí ilustrar parcialmente en Inframundo, la muerte es un portal a una existencia fuera de la línea del tiempo que arrastra/rodea al espacio. Esto permite que dos reencarnaciones consecutivas no se ciñan al orden cronológico o incluso convivan en un mismo lapso de tiempo. Lo mismo aplica a los fantasmas y sus efectos asociados. La onda de la muerte es expansiva en toda dimensión concebible. Los condenados a muerte hablan con sus espectros arrepentidos un mes antes de su ejecución, se prometen cosas. Una casa es protegida por el espíritu en pena del niño que nacerá en ella medio siglo más tarde. Los fantasmas son tristeza, impotencia y nostalgia, pero también ansiedad y desconcierto ante el abismo incomprensible del futuro.

Lake Mungo Muerta
Siempre es posible regresar.

En presente permanente

La matemática tiene una relación conflictiva con su pasado. A diferencia de lo que pasa en filosofía, en matemática la literatura clásica sobre un tema activo es usualmente prescindible. Por lo general hay reformulaciones modernas que son más útiles y claras. Una consecuencia de esta relación particular con la historia de la disciplina es que las motivaciones iniciales (los problemas) que dieron nacimiento a muchos conceptos se pierden en la digestión. El drama humano sobrevive si acaso como nota al margen entre simpática y curiosa. Una introducción moderna a la teoría de conjuntos pocas veces parte de las reflexiones analíticas que forzaron a Cantor a definir el concepto de ordinal transfinito. Los esquemas de Grothendieck no se introducen como respuesta a las conjeturas de Weil. En ambos casos hoy prefieren caminos semiaxiomatizados menos escarpados. Todo se decanta constantemente en aproximaciones cada vez más simples y sistemáticas. En la práctica, un estudiante no requiere esas historias para acceder a sus productos/conclusiones. Las presentaciones actualizadas proponen sus propias intuiciones y rutas de aprendizaje (que reflejan más que nada la percepción íntima del autor). Maravillosamente, los conceptos matemáticos se sostienen casi imperturbados bajo estos juegos de versiones en renovación constante. A siglos de distancia, asimilamos las contribuciones fundamentales de Gauss, Riemann y Galois sin haberlos leído jamás.

Gauss muerto
Gauss muerto.

Máquina

El juego autoimpuesto era hacer una copia virtual sencilla del Drawing Apparatus de Robert Howsare usando Processing para jugar con las especificaciones.

En esta versión (burda) se pueden cambiar los colores del trazo con los primeros cuatro sliders. Con los dos siguientes se puede modificar la razón entre las velocidades de rotación y la razón entre los radios de los discos. El último slider controla el grosor del trazo (aparentemente, la calidad del trazo cambia dependiendo de la definición de la pantalla.) El botón de pausa detiene y desaparece la máquina para apreciar el dibujo. No he logrado encontrar una manera elegante de hacer una función para reiniciar, así que por lo pronto lo mejor es recargar la página. (Adenda (25/03): ahora la posición inicial del segundo disco es aleatoria. Así no siempre arranca con un círculo.)

Desgraciadamente, los computadores no conciben los números irracionales, así que (creo que) todas las trayectorias son periódicas (Ejercicio: demostrar).

Core Dump

There before him, a glittering toy no Star-Child could resist, floated the planet Earth with all its peoples.” (Satélite de destrucción masiva)

Estoy sentado sin camisa en el sofá negro. Tengo treinta y cinco años y veintiún días. A partir de cierto punto de la vida se inicia la cuenta regresiva. Desde el balcón veo Marte, Júpiter y Venus. Cuando era niño quería irme de este planeta y vivir en el espacio. En el espacio había robots, tranquilidad y soledad. El sofá negro no es una nave espacial ni una máquina del tiempo. Mi cuerpo no es una nave espacial. Cuando era niño había armarios que eran máquinas del tiempo. Vivimos en una ciudad que está situada fuera del tiempo. Mi apartamento es una estación suborbital en caída permanente. No hay viento en el vacío. Me comunico con los hombres a través de transcripciones digitalizadas de mi consciencia. (Pero no hay respuesta.) El dispositivo antigravitacional facilita la vida de los gatos así como su alimentación. Mi contacto con seres humanos es limitado y estrictamente controlado para prevenir contaminación. El gato negro flota profundo en la recámara exterior. Comimos hamburguesa en el bar de la esquina. La mesera tenía pelo negro, ojos verdes y labios rojos dispuestos en una cabeza ovalada sobre un vestido con patrones azules. Se llamaba Pam. Número catorce en la nómina del bar. Es casi real. Huele al perfume de una compañera de universidad. Nunca sirven mayonesa en el bar. Siempre debo pedírsela a quien atiende, lo que es incómodo, pero en el caso de Pam no me molesta en absoluto. Quisiera decirle a Pam que se siente con nosotros y nos cuente quién es y por qué está aquí un viernes por la noche trabajando en este bar de viejos. En la calle hay perros amarrados que esperan a sus amos frente al supermercado desde hace varios días. Tienen hambre y sed. El televisor del bar es seis veces más grande que el nuestro pero proyecta la misma nada. Los jugadores de baloncesto universitario son muy jóvenes para estar muertos. Extraño conversar con entidades orgánicas. No entiendo qué tiene de malo masturbarse en público. Es lo que hacen todos. Afuera están los osos, migran en bandadas hacia el norte. Como ellos, prefiero el invierno. Se parece más a mí.

La desinformación al poder

La campaña Kony 2012 es un subproducto de la misma cultura que desarrolló TED. Comparte su filosofía básica: para difundir es necesario diluir hasta que sea efectivo en una red social (aparato que privilegia (y premia) la vacuidad). Su objetivo, no importa lo que digan los románticos, no es popularizar una causa o crear interés genuino en un proyecto o problema sino establecer un producto adquirible que simbolice, para el consumidor ingenuo conmovido por el drama, su compromiso con (o su interés en) algo que parece importante/respetable. En últimas, se ofrece superioridad moral (o intelectual) certificada a escala global a precios módicos. ¿Quién puede resistirse? No debería sorprender que la organización detrás del video esté vinculada a iglesias cristianas norteamericanas. La religión organizada lleva siglos en el negocio y jamás ha tenido inconvenientes en diversificar. En Kony 2012 la perversión es flagrante: se usa la exposición casi pornográfica al sufrimiento de niños para justificar una intervención militar (a todas luces innecesaria (y dudosamente legal)) en Uganda. La historia es manipulada libremente con el propósito crear indignación viral airada que se traduzca en donaciones proporcionales (¿Para qué? Dios sabrá). Qué importa que Kony no esté en Uganda desde 2006. Qué importa que nadie haya sugerido que la asesoría militar norteamericana al equipo internacional de la ONU que lidera la cacería de Kony esté en peligro (de hecho, como señala Angelo Izama, hay tropas gringas en África central desde octubre de 2011 participando en terreno en la búsqueda (¡y fuerzas internacionales desde 2005-2006!)). Qué importa que Uganda esté bajo el yugo de una dictadura criminal por veinticinco años (con el beneplácito de Estados Unidos). Qué importa que en Uganda (y en África en general) el hambre, la miseria y la enfermedad destruyan la vida de más niños que cualquier cuadrilla de asesinos. Aquí lo que importa es lo que se puede vender. Lo de menos es informar.

Donald
El pato Donald te necesita. No lo decepciones.

Un ejemplo: el asesinato de Tori Stafford

El ocho de abril de 2009, Michael Rafferty (28 años) y Terri-Lynne McClintic (18 años) secuestraron, violaron y asesinaron a Victoria Stafford. Victoria Stafford tenía ocho años. Vivía en Woodstock, Ontario. Un video de una cámara de seguridad inculpa a McClintic: aparece acompañando de la mano a Stafford en la última imagen disponible de la niña con vida. McClintic se declaró culpable de todos los cargos e indicó a la policía dónde se encontraba el cuerpo. Tras confesar, fue condenada a cadena perpetua. Rafferty asegura que es inocente.

Cuando lo encontraron, el cuerpo de la niña estaba desnudo de la cintura para abajo. Hay señales de violación. Los golpes que recibió antes de ser ultimada a martillazos en la cabeza dejaron lasceraciones en el hígado y varias costillas rotas.

Ayer McClintic testificó en el juicio contra Rafferty. Su versión es la siguiente: Rafferty ordenó a McClintic secuestrar a una niña. Esperaron por la oportunidad a la salida del colegio. Stafford fue elegida porque estaba sola. La llevaron en el carro a una zona deshabitada cerca de Mount Forrest, Ontario, donde Rafferty procedió a violar a Stafford en la silla trasera. Cuando terminó, dejó el carro. McClintic buscó a la niña, la sacó del carro y le pidió perdón. La niña le rogó que no permitiera que él lo hiciera de nuevo. McClintic le dijo que era una niña muy fuerte. Rafferty regresó y le arrebató a la niña. La niña no quería soltar la mano a McClintic, pero McClintic sabía lo que iba a pasar y no quería presenciarlo, así que se alejó. Los gritos de la niña aparentemente revivieron memorias de su infancia (no entró en detalles) y estos recuerdos la motivaron a regresar al carro, empuñar un martillo y acabar con la vida de Victoria Stafford.

Los periódicos describen lo anterior como rabia reprimida debida a traumas de infancia. También se refieren con regularidad a McClintic y Rafferty como la pareja de drogadictos.

La culpa es siempre de sus historias. La narrativa diluye la responsabilidad.

Las Brisas

La pregunta sobre la naturaleza (o la fuente) del mal es una banalidad. Cualquiera con suficientes años en este mundo debería tener claro que no se necesita gran cosa para convertir a una persona (no me excluyo) en monstruo. Las justificaciones sobran. Es sencillo de verdad. No hay que estar dañado. Un resentimiento bien establecido (mediante entrenamiento, instigación o vivencia) engendra odio y del odio a la violencia sólo hay un pequeño tabú moral que es fácil de ignorar bajo suficiente presión. Pero es peor todavía: no se necesita nada. Ninguna excusa. Las limitaciones que impone la sociedad nunca son suficientes para contener todas las variantes de daño intencionado concebibles. Una centena de hombres llega a la vereda Las Brisas y fusila a doce campesinos (papás, hermanos, hijos). Luego los decapitan a machete ante sus familias. Son órdenes de arriba. Casi rutina. Cuando le reclaman a los asesinos ellos dicen de diferentes formas que no saben por qué lo hicieron pero están arrepentidos y sienten culpa (o sea merecen perdón). Con algo de esfuerzo histriónico lloran. Parece casi natural. Está bien hecho. Las revistas y los jueces intentan explicar por qué pasó. Hablan de venganzas, territorio y estrategias. No es satisfactorio pero es funcional. Cuelgan de eso un Nunca Más. La narrativa como consuelo. El horror dispuesto en una cadena causal bien alineada, apodada de cariño La Verdad, que convierte lo inaceptable en comprensible. Nos inventamos el cuento de que la maldad es ajena a lo que somos (es inhumana) y necesita historias que nos perviertan para poder existir.