Rango Finito

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Cefálico

1. Tengo dolor de cabeza desde el mediodía. Pensé que bajaría en el tranvía pero solo se acentuó y empezó la incomodidad sensorial. Para el momento cuando llegué a la casa podía no solo magnificar sino sostener hasta la nausea olores apenas perceptibles. Debíamos, sin embargo, salir al supermercado a hacer las compras para la comida navideña y las de la semana de asueto. Resultó ser el mercado más costoso de este año pero quedamos bien aprovisionados para las próximas dos semanas. Haremos una pata de cordero pequeña con papas y ensalada. Es solo para nosotros tres. Ahora tenemos todo lo que necesitamos.

2. Entre el domingo y el lunes vimos The Jinx, la serie documental de Jarecki sobre Robert Durst. Si antes era fabulosa ahora se siente casi urgente, no solo por la exploración psicológica y moral de un hombrecito infame que no se distingue gran cosa en términos de casta, actitud y proveniencia de Trump (ambos millonarios herederos de familias propietarias de edificios en Manhattan), sino por la forma como su monstruosidad se manifiesta a través de sus relaciones con las mujeres de su vida, a quienes o aniquila o usa como excusa o medio para evadir responsabilidades y declararse víctima.

3. Ya solo quedan dos días más de trabajo por este año. El viernes será relajado. Dedicaré el tiempo a revisar el material introductorio para presentar nuestro repositorio principal a los recién llegados al equipo. La primera semana de enero recibiremos a una nueva integrante y quiero mejorar la experiencia (técnica) de los primeros días, que ahora mismo es algo confusa para mi gusto. También estoy reestructurando algunos componentes de nuestro repositorio principal para que sea más fácil de navegar. Ese aspecto de la ingeniería de software que se enfoca en hacer amables y de fácil adopción las herramientas de trabajo me entretiene bastante. Es lindo montar espacios en los que muchas personas puedan colaborar y sentirse (en sus diferencias de estilo y enfoque) a gusto.

4. Se fue el dolor de cabeza. La nausea persiste. Podría ser existencial.

Medias

Compré medias el fin de semana y me han parecido muy buenas. Tenía muchas medias rotas y eso me estaba amargando la vida más de la cuenta. No llevo bien las medias rotas aunque sé que una media rota cada tanto nunca dirá nada malo de mí. Como sea compré tres pares de medias caras. Son tan caras que tienen L y R para indicar el lado en el que deben ponerse. Ayer me las puse al contrario para evaluar cómo afectaba la experiencia y debo confesar que no sentí ninguna diferencia: al derecho o al revés son igualmente deliciosas. Tal vez mis pies, malacostumbrados a medias de baja estofa, ya son muy toscos para distinguir el valor de la sutil asimetría. Prefiero reservarme la marca de estas medias prodigiosas para mantener cierto nivel de exclusividad sobre ellas pues es bien sabido que cuando las cosas se popularizan pierden casi de inmediato calidad, estilo y horma. Si algún día me ven sonreír, lo más seguro es que las lleve puestas.

Oscuridad

Anoche me acosté temprano, como a las once y media, y en consecuencia estaba despierto a las cuatro, así que me levanté y leí artículos un rato. Ninguno digno de mención. Nos embolatamos en el desayuno y tuvimos que agarrar taxi para venir al conservatorio, desde donde ahora escribo.

Esta semana nos zampamos Dark, la serie alemana de Netflix. Durante el festival de cine fui a ver los primeros dos capítulos y quedé intrigado pero también preocupado por sus similaridades superficiales, al menos al nivel de premisa, con Stranger Things. Pero esas dudas se resuelven rápido en los siguientes capítulos, donde Dark se impone consistentemente en casi cualquier punto de intersección ya sea argumental o de contexto (son en realidad escasos). A su cierre quedé con la sensación de haber encontrado algo nuevo y sabrosamente macabro, lo que es difícil en ese ambiente televisivo tan dado a encariñarse con esquemas y repetirlos hasta la tortura. Dark avanza firme y cierra su primera temporada con fuerza, sin dependencias en guiños obvios, nostalgias falsas y complacencias infantilizantes, y construye un mundo fantástico propio y exigente abundante en extrañeza que se siente sólido tanto en lo narrativo como en lo estilístico (y sobre el que por lo pronto construye un comentario largo sobre el costo (duro) de las responsabilidades). Junto a The Leftovers es de lo mejor que vi este año.

Balance

No sé cómo será el próximo año. No tengo mayor expectativa al respecto. Mucho menos propósitos. Seguro que todo irá bien.

Ando cansado y desanimado la última semana. Mañana hay una celebración navideña en la oficina. A la fiesta propiamente dicha del sábado no iré. Me da ansiedad el tumulto. No lo llevo bien aunque me caigan bien los compañeros.

Cierro este año satisfecho. Tuve algunos meses muy difíciles en lo emocional pero poco a poco con esfuerzo (y el apoyo y cariño de la pandilla) he restablecido (hasta donde se puede) el equilibrio que necesito para sentirme cómodo. Tengo que seguir trabajando en eso. Cuando me descuido me derrumba.

Todavía no decidimos qué prepararemos de navidad. Regalos ya hay bajo el árbol.

Nieblas

No tengo mucho para anotar. Por eso no he vuelto. No es olvido.

La niña está enferma desde el viernes. Fiebre que viene y va. No se ve decaída, menos mal. Los médicos diagnostican virosis y eso a nosotros nos suena a todo y nada. Como se enferma tan poco estas cosas nos angustian de más.

Este invierno he notado bastante la ausencia de los pájaros. De pronto cada vez los aprecio más y por eso me impacta más el silencio con el que llegan las madrugadas frías. De nuevo estoy en la fase del ciclo en la que duermo muy poco. Procuro seguir en la cama para tener energía durante el día. A veces leo.

Me he sentido mejor de ánimo estos últimos meses. Menos disperso y menos sensible. Aunque también creo que me he aislado más de lo usual. La soledad me hace bien. Reduce las ansiedades y tranquiliza. Puedo enfocarme mejor cuando lo necesito. El mundo en exceso me abruma.

Lejos

No importa dónde esté, siempre estoy en el mismo lugar y es desde ahí, desde esa persistencia, donde me proyecto. Así, la realidad es en todo momento múltiple y la percepción un esfuerzo instintivo de acomodar los varios desfases en un mismo marco necesariamente contradictorio y agrietado. Por eso parezco lejos.

Intentaba imaginar esta mañana cómo se verían las prácticas cristianas si se descontextualizaran de la forma como la meditación y el yoga se adoptan en el capitalismo globalizado. No tengo claro si la adopción del cristianismo en Corea, por decir algo, viene acompañada del exotismo con el que se promocionan las prácticas contemplativas orientales en este lado del mundo, con esa idea de que a través de ellas accedemos a procesos internos naturales que nuestra cultura (por tal o cual razón) ha devaluado hasta anular.

En el trabajo, intento montar un proceso que me permita utilizar Stan para estimar parámetros de ciertas distribuciones que quiero calcular individualmente para algo así como cincuenta millones de personas. El modelo no es complicado pero la escala dificulta todo. Limitaciones en los algoritmos me impiden montar algo que calcule todos los parámetros de un golpe para todos en tiempo razonable, así que estoy empacando las estimaciones en aglomeraciones de unas cien mil personas, lo que a su vez requiere determinar aglomeraciones, o sea en últimas espacios con una noción de distancia donde vivan versiones simplificadas de estas personas que pese a esto capturen geométricamente las similaridades latentes que importan para el problema en cuestión. Una y otra vez, en casi todos mis trabajos hasta ahora, termino dando vueltas alrededor de problemas de representación de ese estilo. Son los que más me gustan. Todavía no sé tratarlos bien.

Sirena

Pequeña actualización antes de cerrar el domingo: hoy la niña descubrió que alcanza sin ayuda en la piscina (llevaba probablemente meses con la estatura adecuada, pero no se atrevía) y este descubrimiento desencadenó veinte minutos intensos de redescubrimiento de las posibilidades del agua (más pequeña, en London, la pasaba mejor en la piscina cuando íbamos juntos casi a diario). Yo la miraba entre maravillado y aterrado desde el borde, con los músculos tensionados en caso de que fuera necesario saltar pues el profesor no daba abasto para sus tres aprendices. De vuelta en la casa tomé una siesta. Almorzamos etíope, lo que es siempre un placer.

Conmiserable

Creí que ya los había olvidado pero seguían donde quiera que están, así que por decencia o conmiseración vuelvo: de nuevo reporto desde el conservatorio, donde el tumulto nos ha desplazado hacia una banca abullonada casi a la entrada; el hielo de afuera alcanza a colarse entre la ropa y muy probablemente nunca logre calentar los pies en lo que queda del día. Después de esto creo que vamos para un concierto de esos infantiles que la orquesta sinfónica organiza cada tantos sábados. Aunque duran apenas una hora usualmente logro montar una siesta sólida de unos treinta minutos que es bendita: nada mejor que un descanso general bajo música estruendosa. No sé qué nos depare el insondable destino a la salida más allá del frío. Tal vez algo de comida. Los malos horarios de los cursos de música nos tienen comiendo a deshoras los fines de semana. En compensación la hija parece avanzar a buen ritmo en el piano.

Calabaza

Ya casi terminamos Stranger Things 2 y el miércoles terminé The Fifth Season. Ahora ando con The Obelisk Gate. Jemisin preserva el ritmo y estructura del primero pero tras el colapso de las tres líneas de tiempo principales en una, arranca dos nuevas. Alguna vez debería intentar dibujar eso. Tengo dudas sobre las decisiones de montaje pero la composición del mundo y sus historias es pulidísima.

Bueno, no mucho más. Comida griega el sábado y hoy calabazas de día de brujas. Primera vez. No quedaron mal. Solté algunas fotos en Twitter e Instagram.

Impaciencia

Aquí sigo aunque no parezca. Hoy llovía cuando volví a la casa así que llegué lavado. Se sintió bien. Edificante, podría decirse. A veces siento que no tengo suficiente paciencia con la niña. Quiero hacer un esfuerzo para mejorar eso porque me preocupa perder su confianza y aprecio. Y bueno, creo que eso es todo lo que tengo para hoy. No siempre puede haber palabras.

Entusiasmo

Sigo con pereza de escribir acá. Ahora leo The Fifth Season, de N.K. Jemisin. Se supone que es de lo más excelso en ciencia ficción actual y por lo pronto no desmerece. El resto del fin de semana hice oficio, cociné un poco (tenía ganas del tradicional pollo guisado con papa que a mi mamá tanto le gusta, así que procedí), fui con la niña a la piscina y descansé. También estoy leyendo Starship Troopers despacito y otra cosa más que ahora no recuerdo así que no debe ir muy bien. Tal vez ya no la estoy leyendo de verdad y es hora de abandonar. Tengo ganas de leer sistemáticamente todas las novelas ganadoras de los premios Hugo. Ese puede ser uno de los próximos proyectos si la pereza no se interpone antes. A veces pierdo el entusiasmo para hacer ciertas cosas incluso antes de acumular el suficiente para empezar.

Agobios

Anoche estaba cansado, me fui a tomar una siesta y seguí derecho hasta el otro día. Fue un día pesado con la hija, que tenía dentistería al mediodía. Después fuimos a comer souvlaki al barrio griego. No mucho más para anotar. Pero como tengo ese compromiso digamos con la vida, entonces me debo inventar una razón para seguir. Lo malo es que hoy fue un día más bien monótono de trabajo. Logramos resolver un problema que esta semana nos tenía agobiados. El capitalismo genera esos agobios falsos para que sintamos que tenemos un propósito y un valor. Y después esos agobios nos enferman. Pero entonces hay que ver esas enfermedades como heridas de guerra, con el orgullo de haberse sacrificado por la causa. Menos mal que ya es viernes otra vez y me puedo desentender del mundo exterior. A ver si mañana tengo algo más sustancioso para compartir.

Restos

Leo en la prensa que mataron a un ciclista en Parkdale, al otro extremo de la ciudad. Venía en su bicicleta, un señor filipino de treinta y nueve años que recién dejaba a su hija pequeña en el colegio (o sea a la nueve de la mañana), cuando una camioneta se fue de frente contra un tranvía y el impacto la mandó en trompo sobre el ciclista, que aparentemente sobrevivió al golpe pero no a sus consecuencias y murió camino al hospital. Sobra decir que me sentí identificado. El señor llevaba dos años en la ciudad.

Nada se lleva. Todo es para dejarlo acá.

Cartografía

Seguimos, aunque no sé hacia dónde. A veces durante el día siento que debería tomar nota de algunas de las ideas que se me ocurren con el propósito de tal vez transcribirlas en este lugar más tarde. Por lo general resisto esos impulsos vanidosos. Quiero sostener cierto nivel de naturalidad en este sitio, así sea fingido, y eso implica sentarme cada noche a escribir lo primero que se me pase por la cabeza. Por ejemplo ahora pienso en eso de que a través de las palabras se avanza pero por otro lado nunca es claro cuál sea su destino. Me gustaría dedicarle tiempo a entender en qué sentido hay un desplazamiento, en qué espacio podemos detectarlo y quién o qué, en últimas, es lo que avanza. Imagino ahora a las ideas como una red y a las palabras como una forma (una de tantas) de saltar de una a otra mediante la construcción/el descubrimiento de vínculos (¿o tal vez las ideas son precisamente los vínculos y los nodos son conceptos o entidades enriquecidas de algún tipo? ¿abstracciones estructuradas?). A medida que los vínculos se establecen, la red se deforma para adaptarse a la nueva configuración, ciertas ideas se aproximan y esto permite nuevos vínculos que hasta hace poco eran (literalmente) impensables. Quizás avanzamos hacia una claridad. O hacia un equilibrio. O, a ver si puedo ser más concreto, hacia un esquema local e interno (necesariamente dinámico) de las realidades que frecuentamos. Un mapa en movimiento, o algo así. Las palabras lo ayudan a crecer y persistir.

Distracción

Olvidé escribir ayer. Me distrajo la televisión. Estamos viendo la nueva serie de moda sobre asesinos seriales en Netflix. Se me ocurre ahora que es una serie sobre la forma que toman los sentimientos cuando se dejan crecer sin las resistencias naturales que impone la vida en comunidad. Porque aunque la mayoría de las acciones son en últimas manifestaciones de sentimientos, también hay en cada acción un acto interno de resistencia para atenuar el impulso primario hasta que sea aceptable, hasta que reconozca (dentro de lo posible) a los otros como iguales, especialmente en lo que concierne a la experiencia de la tristeza y el dolor.