Rango Finito

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Sonrisa

Los bogotanos, al cruzarse, usan una sonrisa para indicar que están del mismo lado. Es una sonrisa plácida que sueltan sin mucho esfuerzo en interacciones incluso breves. La sonrisa sugiere complicidad o tal vez respaldo. No es una sonrisa entrenada de cortesía ni una forzada de servicio. Es sincera y matizada. Indica familiaridad o empatía, y no se enseña en la crianza sino que se adquiere con el tiempo, en el diario reventar. Sirve entre otras como puerta a la posibilidad de hablar y conectar, algo a lo que se entregan con gusto en cualquier tipo de situación una vez alguien da el paso, en especial cuando la conversación aleja y difumina las incomodidades e inconveniencias naturales de una ciudad a medias, permanentemente en obras entre un estado y otro, de difícil navegar. Bogotá resulta ser, bajo su ruido, un lugar agresivo de gente cordial donde muchos, en medio de sus vidas saturadas y de pronto para compensar, parecen siempre dispuestos a tomar una pausa, bajar defensas, y hablar de verdad.

Aupado

Ya en cuatro o cinco conversaciones he oído variantes de una teoría de conspiración según la cual el impulso de Petro es (parcialmente) promovido por el combo de Uribe para generar una segunda vuelta donde Duque cuente con un opositor en sus términos, que refuerce la disyuntiva de la que tanto se han beneficiado. Y no sé, se me hace que esas teorías además de concederle a Uribe una capacidad de maniobra política casi ilimitada (y una inevitabilidad fatalista que lo sostiene en el centro de la conversación, lo que ciertamente le conviene), le terminan de paso desconociendo méritos a la campaña de Petro y realidad a las bases en las que se asienta su discurso: la decepción amplia que él canaliza tan bien. Desde mi desconexión es poco claro que Duque tendría una victoria fácil ante Petro, en parte porque creo que el valor evidente del proceso de paz puede llevar a varios grupos por lo pronto distantes hacia su lado cuando de veras corresponda decidir. Algunos de hecho dicen que, de acuerdo a las encuestas y resultados de las elecciones para congreso más consultas, Petro sería el único con alguna esperanza ante Duque. Ni idea. Con tanta variabilidad (y tanta torpeza al fondo) todavía hay suficiente tiempo para que el panorama dé un par de vuelcos más. Me impresiona mucho en todo caso el rechazo visceral que entre tanto progresista despierta Petro incluso cuando se contrasta con el pelafustán de Duque y su patrón. Serían más comprensibles rechazos equivalentes, aunque a mi parecer Uribe sea varias escalas más despreciable que Petro incluso en su peor versión.

Recursión

Hay un barrio de invasión llamado Buenos Aires cuyo asentamiento fue coordinado por un político que también a su manera coordina ahora desde el otro margen la construcción de unas viviendas de interés social justo al lado. De esta forma engrosa eso que llaman su capital político. Queda junto a la plaza de mercado abandonada a medias que es vecina de la nueva plaza de mercado en construcción de la que hablaba más abajo. Así es el progreso en el pueblo, así se impulsa. Confinado a la isla delineada por la ciénaga, el pueblo crece con dificultad, se hincha, podría decirse, mediante tentáculos que cada vez le tienen menos respeto al fango figurado y literal. Más que avanzar el pueblo se expande y contiene cada vez más versiones de sí mismo apiladas unas sobre las otras en la confusión consiguiente. Ahora hay supermercados relucientes donde venden papa criolla, curuba y bocachico del Vietnam (la hidroeléctrica de Urrá extinguió al bocachico del Sinú), puestos de hamburguesas, ciclorrutas y pequeños parques que, al limitar el lente, podrían estar en Medellín, Ginebra o Nueva York, pero también subsisten los mismos restaurantes paisas de carretera al borde de la ruina donde sirven el mondongo sobre las mismas mesas y las mismas sillas de sus versiones de hace treinta años, cuando eran la única opción para comer afuera. Igual con las casas, los negocios del mercado, la presión del agua, la calidad del servició de energía, el estado de las calles y en últimas con la gente. Las pobrezas de ahora conviven con las de antes. Y lo mismo las riquezas, en sustratos que demarcan abolengos, astucias y tradiciones. Cada cual se establece con nuevas anclas y cada ancla arrastra su versión congelada del mundo. El pueblo deviene en un cúmulo de hiatos.

Pueblo

Caminata esta madrugada junto al río, por la muralla, que ahora se extiende casi hasta la carretera. Seis señores abrían botella en una banca para arrancar la rumba con el amanecer. Los vendedores de pescado se rehusan a formalizarse: prefieren sus puestos improvisados en la calle al espacio bajo techo que la alcaldía les ofreció. Ahora quieren mandarlos a otro lado: un mercado en obra junto a un viejo mercado en obra que nunca terminaron. Intentan ser otros, como en todas partes. Y cuesta. Del otro lado del centro, una marea de motos ahora plenamente democratizadas domina la calle.

El pueblo está construido como un fuerte que lo defiende de los elementos y el clima: murallas, pretiles altos, castilletes, casas de maderas eternas. El río es tanto sustento como amenaza. El calor y la humedad aceleran la corrosión. Las inundaciones limpian. Nada resiste aunque todo persiste.

Esta tarde, de regreso a la casa tras un día entero nadando en piscina y mar, vi a lo lejos a unos niños practicando taekwondo en el balcón contra el río. Alguna vez fui uno de esos niños. Me acerqué, y quien lideraba la clase era mi mismo profesor de hace treinta años, casi enteramente preservado.

Transporte

En el taxi al aeropuerto hablo con el señor sobre su negocio y el tráfico de la ciudad. Culpa a Uber de los trancones. Ha perdido amigos que dejaron el taxismo para convertirse en conductores de Uber. Siente que Uber lo asalta: es una competencia injusta, por fuera de las reglas a las que él se acoge. Acepta eso sí con tristeza los problemas de su gremio y reconoce que la desconfianza a los taxistas es merecida. Le preocupa su futuro, pues cada vez siente que gana menos. Le alivia haber sacado sus dos hijos adelante. Uno recién termina la universidad y la otra termina en dos años. Diecinueve años dedicado a transportar gente por la ciudad.

Asimetrías

Donde más se siente el retorno es en el sabor de las comidas, los colores del mundo y el acento amplio que puebla los entornos. Lo que una vez fue un dado obvio ahora se percibe como inusitadamente familiar: llama a la cercanía. La intuición de un vínculo fuerte entre desconocidos que en realidad solo existe (o se manifiesta) en una dirección. Otro efecto del peso de las nostalgias acumuladas en la distancia.

Animales

Pensaba mientras caminaba por la séptima esta mañana en el animal bogotano. Su amabilidad selectiva, calculada. Su dominio estratégico de la bestia. La exigencia de presencia que lo resguarda. Sus invisibilidades y desatenciones. Sus pasiones fugaces. Hoy buscaba en periódicos el álbum del mundial de fútbol.

Pensaba que alguna vez quise ser ese animal. Lo admiraba. Nunca tuve lo que requería. Me aterraba. No tenía el instinto. O el arrojo. El ruido me fascinaba y me intimidaba. De noche caminaba por los separadores para que no me atrapara.

Siento la ciudad menos agresiva de lo que la recordaba. Pero sigue siendo difícil, desbordada, orgullosa. Cada rincón un exceso. No me puedo distraer.

Espectro

Primer día en Bogotá tras muchos años fuera.

Aquí vendría algo vago sobre las ciudades y su ansiedades: lo que no son y quieren ser, lo que no pueden dejar de ser.

Después una mención obligada a mi preferencia por las simetrías, lo que perdura pese a la constante transformación. El valor de lo fantasmal y su inherente terquedad.

Aunque no sé si el fantasma seré para este punto yo. Siempre queda esa duda.

Indigestión

Me contaron la típica historia de la cita de Tinder que termina en canibalismo. En esta versión, la víctima, tras una serie de encuentros con el victimario, acepta una cita para comer en su casa. La comida es deliciosa y todo va muy bien, pero su estómago se resiente y resuelve regresar a la casa. De camino a la casa el estómago se siente peor así que decide ir mejor al hospital. Llega al hospital en muy mal estado y pierde el conocimiento. Cuando despierta la policía está en la habitación y le pregunta por qué hay tejido humano en su sistema digestivo (recién lavado). Cuando indagan descubren que el apartamento donde tuvo lugar la cita era alquilado vía AirBnB y todos los modos de contacto con el victimario son pistas falsas basadas en cuentas y teléfonos desechables. Estuve buscando en Google y no encontré registro de esta historia, pero sí de otras similares. Siempre es que eso del romance en estas épocas en las que de tanto conocer no se conoce de verdad a nadie es un asunto bien delicado.

Petro

Gustavo Petro es un genio político. No sé si gane o pierda en las presidenciales, pero está claro que logró demoler, con una jugada simple pero muy bien calibrada, la inercia que hacía hasta hace poco parecer a Sergio Fajardo como la opción competente para enfrentar a la derecha rabiosa. La movida fue organizar una consulta de precandidatos presidenciales paralela a las elecciones parlamentarias. De la Calle había organizado la suya hace unos meses, pero por fuera de una jornada electoral masiva, lo que lo hace parecer, en términos de votos, un alfeñique. Fajardo decidió concertar con López y Robledo, desaprovechando la oportunidad de plantar en la mesa un par de millones de votos que lo dejaran incontestable (aunque sospecho que un pleito prolongado entre esos tres los hubiera en cualquier caso inter-aniquilado). Petro en cambio, lento pero seguro, montó un referendo contra un señor Caicedo oriundo de Santa Marta, y los votos llovieron porque votar en una consulta de esas tiene un costo mínimo a nivel de cada votante (y no había otra consulta compitiendo por votantes similares) pero simbólicamente, al aglomerarse, se puede proponer como una demostración de ventaja evidente ante candidatos sin votos en la mano.

Puede que esta ventaja sea imaginaria. Puede que incluso los verdes, en la práctica, hayan demostrado mayor efectividad electoral con sus resultados en el senado, donde duplicaron curules gracias en parte a la participación de Mockus. Nada de eso importa porque estas lides dependen bastante de percepciones e intepretaciones mediatizadas, y a ese nivel ahora mismo no hay nada que compita con Petro y sus tres millones y tantas papeletas no fotocopiadas. Le quedará difícil a Fajardo remontar. Y si De la Calle, Fajardo y Petro se enfrentan Duque la tendrá barata. Tal vez Vargas Lleras se meta en la pelea por la segunda vuelta gracias a su reconocida maquinaria. Será derecha contra derecha, y en ambos lados fuerte oposición al proceso de paz recién parido. Si Petro logra concertar con Fajardo o De la Calle tal vez haya una alternativa, pero incluso en esas condiciones será una elección sufrida. Hay que empezar a pensar en cómo salvar el proceso de paz.

Hawking

En mi juventud tuve la fantasía de encerrar a Stephen Hawking en un baño del instituto Newton en Cambridge, donde jamás lo encontrarían. Después actualicé la fantasía y el encierro tenía lugar en el Perimeter Institute en Waterloo. Ahora que ha muerto tendré que desistir.

En mi infancia su vida era una inspiración que también servía en ocasiones como cuento de terror. Más adelante fue reinterpretada como historia romántica, pero esa película no la vi.

Hawking fue nuestro Joseph Merrick, el freak sabio traicionado por la biología que (actualizado de acuerdo a las angustias e ilusiones de esta época) fue adecuado con extensiones robóticas para persistir en mente pese a la paulatina disolución de su cuerpo.

Creo que nunca entendí bien cuáles fueron sus aportes a la física.

Votos

Una vez más hice el ejercicio de montar en tablas los datos a nivel municipal que suelta la registraduría colombiana en su página tras las elecciones. Tuve que reescribir todos mis scripts porque no encontré los viejos que armé en R hace algunos años, cuando estaba aprendiendo. Aproveché y organicé todo en Python, y subí el código al repositorio con las tablas. Descubrí que los resultados de cámara y senado los montaron usando el modelo viejo de páginas estáticas que ya conocía, pero los de las consulta los montaron con un modelo de página única que llena de forma dinámica los detalles usando javascript, así que para esas se necesitaba algo más sofisticado que un parser de html usual. Encontré algo llamado selenium que, con Firefox al fondo, hizo el chiste. Resultó menos complicado de lo que pensé que sería aunque el proceso en sí es mucho más lento que con las páginas estáticas y BeautifulSoup. Sospecho que ese estilo odioso de página dinámica será el que usen en las presidenciales.

Hueco

Caí en cuenta o recordé, mientras leía el libro de Melo sobre historia de Colombia, que nunca estudié historia de Colombia. Y con esto no me refiero a que los cursos de historia de Colombia del colegio hayan sido de mal nivel (que seguramente lo habrían sido) sino a que por modificaciones en el programa de ciencias sociales escolares que imponía el ministerio de educación en los noventa tempranos, terminé (me imagino que con muchos otros) en un limbo en el que el año que me correspondía estudiar historia de Colombia se resolvió que eso debería pasar el año anterior. Para colmo, este asunto coincidió con mis dos años en el colegio nacional de bachillerato de Lorica, donde los paros eran frecuentes y extensos, así que lo que quiera que correspondiera a esos cursos terminó abandonado a mi suerte. Ya de vuelta en el colegio de las monjas tuve una clase de historia con el profesor Fernando Díaz, que era un maestro entendido y dedicado y nos contó las guerras mundiales en unas clases que todavía, a veces, añoro.

Lecturas (Febrero)

En febrero leí Lost Connections, Divorcio en el aire, Other Minds, The Stone Sky, The Left Hand of Darkness, El informe de Brodeck, Annihilation y Authority. Ahora mismo termino Acceptance, que se me ha hecho más lento que los primeros tomos de la trilogía. También continué mi lectura de las series de cómic a las que estoy suscrito, como Dept H, Royal City y Sherlock Frankenstein. Este mes empezaré a leer la serie de Los cuatro fantásticos escrita por Hickman. Otros libros que espero leer en marzo son Historia mínima de Colombia, de Jorge Orlando Melo, Lab Girl, de Hope Jahren y Cannibalism, de Bill Schutt. A ver si me dan las horas, cada vez más cortas.

Mago

Matute entrevista a Juan Tamariz:

Bueno, las ciencias físicas tienen a veces muchísima magia. Mira si no los agujeros negros [risas]. En aquella época lo que me gustaba de verdad era el cine, pero para entrar en la Escuela de Cine te exigían tener como mínimo veintiún años y haber estudiado antes tres años en una facultad. Cuando cumplí dieciocho años me metí en la carrera de Física, cuya facultad estaba enfrente de la de Filosofía, que en ese momento era donde más chicas había estudiando. Como no pensaba acabar la carrera ni loco, me apunté a Física por eso, para estar lo más cerca posible de las chicas [risas]. Estudié allí solo tres años. Cuando me fui me quedaban todavía un montón de asignaturas. Aprobé solo unas cuantas, la verdad, porque no iba casi nunca a clase. Mi único interés, como te digo, era entrar en la Escuela de Cine. El cine es, además, hijo de la magia, así que estaba todo muy relacionado.