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Otro prisma

“Every payphone in the world was tapped. Or if it wasn’t, some crew somewhere just hadn’t gotten around to it. The taps fed electronically onto storage reels at a central point, and about once every second day a print-out was obtained by an officer who listened to many phones without having to leave his office. He merely rang up the storage drums and, on signal, they played back, skipping all dead tape. Most calls were harmless. The officer could identiffy ones that weren’t fairly readily. That was his skill. Some officers were better at it than others.”

— Philip K. Dick, A Scanner Darkly

La columna de hoy es una reiteración de vainas que ya he dicho acá varias veces: estamos entregando un montón de control a las empresas del Valle del Silicio no sólo sobre nuestra interacción social sino nuestra información privada sin que nos sintamos en lo más mínimo agredidos por sus prácticas y falta absoluta de fiscalización. La enseñanza que deja por lo pronto el escándalo de Snowden y Prisma es que NSA y las empresas que monopolizan el tráfico en línea comparten mucho más de lo que deberíamos estar dispuestos a aceptar (no solo información, sino intereses y prácticas). En Medium puse la columna decorada, con enlaces y con unos cuantos comentarios al margen.

Redistribución de la beca indígena

El estado colombiano otorga cada año becas universitarias a los resguardos indígenas. Cada resguardo recibe un cierto número de becas en función al número de habitantes. Las becas están asignadas a universidades públicas específicas. Cada beca incluye, además de admisión y matrícula, plata para vivir sin pasar necesidades durante el tiempo que sean estudiantes (que si son hábiles se puede extender por más de una década) en la capital del departamento o en Bogotá o Medellín. Cada resguardo tiene autonomía a la hora de decidir a quién otorga las becas. Es un programa social con buenas intenciones, como todos.

En un resguardo indígena cerca del pueblo las becas las otorga el cacique a dedo. El cacique tiene un negocio con las becas que sobran cada año por simple falta de interesados (Supongo que la excusa es que si no se asignan todas las becas su número podría reducirse el año siguiente). Por una suma relativamente modesta considerando la magnitud del producto, o tal vez por unos cuantos votos para consolidar su poder político en la comunidad, la mamá trabajadora de un joven bachiller del pueblo que de otra manera jamás habría ido a la universidad (y que en términos prácticos está más desprotegido que el indígena promedio de la zona) adquiere una acreditación de su hijo como indígena seguida de la consabida beca.

Esto permite que el programa sea al mismo tiempo aprovechado indirectamente por personas que lo valoran y abusado por los regentes tradicionales de sus supuestos destinatarios. ¿Quién pierde?