En cuestión de unas cuantas horas, la historia de la muerte de seis personas en un bar del sur de Bogotá debido a excesos inexcusables de la policía pasa en la portada en línea de El Espectador de esto:

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A esto:

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Es decir, de la historia de un abuso policial con muertos debidos al uso de gas pimienta en un recinto cerrado repleto de personas al problema de los locales sin licencia o abiertos a deshoras o lo que sea. (En este artículo pretenden desconectar el uso del gas de las muertes argumentando que fueron causadas por asfixia mecánica, como si el uso del gas no fuera la razón de la estampida humana.) Veladamente se empieza a imponer la perspectiva conveniente que relega las muertes a un segundo plano, como si fueran apenas una consecuencia de esos malévolos establecimientos nocturnos “que le hacen daño al país”. Asqueante.

Adenda del lunes: ahora la policía empieza a sugerir que ni siquiera usaron muchos gases:

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Al menos el editorial de hoy en El Espectador no cae en lo mismo.