Rango Finito

fotoscódigoobservatorioshermanocerdo temas plots

alan moore

La locura que nos guía

Toda ficción es teología. Su consumo o producción requiere la existencia de un creador que canaliza la historia a través de artilugios narradores. Este creador puede ser negado y ofuscado pero jamás ignorado: hay alguien en control que decide, articula y estructura. La paranoia, parafraseando a no sé quién, es fe en la existencia de una trama preestablecida a escala cósmica que determina el papel y propósito de cada cual en el gran esquema de las cosas (o sea, una religión). En ese sentido, el acto de leer una ficción requiere inevitablemente algún grado (local) de paranoia.

En los mitos de Lovecraft esta paranoia es explícita. Sus narraciones se basan en incrementar progresivamente en el lector y los personajes por igual la sospecha de que el camino dispuesto es inevitable y conduce al horror. Ese es el tipo de dios que encarna Lovecraft: uno cuya noción de misericordia es la destrucción de la cordura del adepto ante el advenimiento de lo indescriptible (como si el alcance de las palabras demarcara los límites de la razón). Sus personajes ascienden de la ignorancia a la resignación y ahí, de rodillas ante su destino, encuentran su redención, que es un miedo que parece calma. En Lovecraft, la locura nos salva.

Neonomicon, homenaje de Alan Moore (con dibujos de Jacen Burrows) al legado de Lovecraft que le valió el premio Bram Stoker a novela gráfica de terror en 2012, se inicia con la historia del agente federal Sax, que investiga en Nueva York una serie de homicidios idénticos ejecutados por asesinos aparentemente independientes: los torsos de las víctimas son esculpidos mediante cortes precisos en flores de carne. La investigación lo lleva a un bar montado en una vieja iglesia donde los asistentes, descontrolados por una droga misteriosa, cantan en una lengua incomprensible (y casi impronunciable). Lo que sigue es de esperarse: en la lucidez de la locura inevitable que sobreviene tras el descubrimiento de la verdad detrás de los crímenes, Sax se transforma en otro asesino más de la serie. La historia de Sax es lovecraftiana en la norma y plagada de referencias abiertas, casi descaradas, a cuentos y personajes de la mitología. Sax mismo (racista, acomplejado, fascista, misógino, sexófobo) es un retrato físico y psicológico de Lovecraft actualizado a la época en la que se desarrolla la narración (una especie de siglo veinte tardío con componentes de ciencia ficción cincuentera y ciudades cubiertas por cúpulas energéticas de las que jamás se dice una palabra). La intención de este preámbulo, titulado The Courtyard y basado en una historia que Moore escribió en 1994, es establecer la tradición y códigos dentro de los cuales se enmarca la historia y sugerir, de paso, la forma como estos serán demolidos a continuación.

Luego viene el horror y luego la iluminación.

Neonomicon no es un ejercicio de estilo. Su compromiso con los parámetros establecidos por Lovecraft y su séquito de imitadores decae a medida que la investigación se desarrolla y se vuelve consciente de sus propias reglas. Cuando la acumulación de convenciones y referencias supera cierto límite, los personajes admiten abiertamente que esto no puede ser más que una broma literaria. Es más o menos en este punto cuando la caricatura entretenida-inofensiva gana filo y Moore, al tiempo que desarrolla un comentario crítico a la cuantiosa (y en su mayoría mediocre) ficción derivada de los mitos, rompe los límites que Lovecraft era incapaz de transgredir, acorralado como siempre estuvo por sus moralismos y complejos: los actos indecibles son sexo y el reconocimiento del deseo, lo inenarrable es nuestro propio cuerpo.

Aquí es crucial resaltar el trabajo de Burrows: la narración no alcanzaría la agilidad, tono y profundidad que exige sin sus viñetas certeras y tremendamente minuciosas que transitan sin esfuerzo entre el realismo descarnado y cinematográfico de la historia críminal y los delirios místico-psicodélicos de la infrahistoria paranormal. La serie de representaciones a doble página de las visiones enloquecidas del agente Sax, recién arrasado por la verdad, merecería una exposición en gran formato. Y el uso de la miopía de uno de los personajes para develar gradualmente la naturaleza de la amenaza es ingenioso y hábil. Es claro por qué eligieron a Burrows para este proyecto.

En el mundo de Neonomicon las ficciones de Lovecraft capturan, como muchos tememos, un aspecto de la realidad que se oculta bajo la percepción consciente. Tal vez sin quererlo, Lovecraft sirve de médium atormentado a una mitología de deidades primigenias que amenazan con regresar del fondo del mar a guiarnos hacia la sumisión liberadora. No hay metáfora ahí. Es literal. Quienes son iluminados y reconocen esta verdad trascienden el tiempo y aceptan que son simples recuerdos (o tal vez proyecciones) de entidades tetradimensionales estáticas en un futuro consignado en libros (¡como El Quijote!) escritos por árabes dementes. De ahí que el miedo sea calma y la locura una suerte de faro para cumplir nuestra parte del plan. El sueño eterno es paciencia. El colapso cósmico nos espera.

Shadowplay

Uno de los recursos que usa el cómic para ilustrar el nivel de brutalidad de las guerras y masacres reseñadas es la observación de que en un adulto promedio tiene aproximadamente un galón de sangre y en una piscina grande caben más o menos 20.000 galones. Así, si en Colombia han asesinado alrededor de 700.000 personas entre 1958 y 2007, con esos muertos se podrían llenar de sangre humana treinta y cinco piscinas grandes. Piensen en esto la próxima vez que vayan a nadar.

Brought to Light es una dupleta de cómics de denuncia política (Flashpoint y Shadowplay) publicados en 1988. Shadowplay fue escrito por Alan Moore y dibujado por Bill Sienkiewicz y está basado en la documentación anexa a una demanda a la CIA interpuesta (a través del Christic Institute) por periodistas heridos por una bomba en una rueda de prensa que tenía el propósito de matar a Edén Pastora, el líder de la Alianza Revolucionaria Democrática (uno de los frentes Contras). Los periodistas estaban convencidos de que el atentado había sido organizado por la CIA para acallar a Pastora, quien cada vez parecía menos dócil. Mientras Flashpoint se concentra específicamente en el atentado, Shadowplay: The Secret Team es un monólogo de un águila antropomorfa ebria en un bar que cuenta con orgullo, en plan documental apologético, la historia de la CIA y sus operaciones de dudosa (o nula) legalidad enmarcadas dentro de la cruzada global anticomunista. La perspectiva sugerida por Moore bordea la conspiranoia gringa tradicional (e.g. nexos con el asesinato de Kennedy y demás delicias) pero se sostiene la mayoría del tiempo sobre hechos documentados. El monólogo resalta con insistencia, por ejemplo, cómo unos cuantos nombres aparecen recurrentemente conectados a actuaciones non-sanctas de la CIA desde Laos hasta Nicaragua con escalas en Teherán y La Habana, entre otros balnearios. Que una veintena de sociópatas con vocación de héroes de la libertad tuvieran semejante nivel de influencia (e impunidad) sobre la política global en medio de la guerra fría (con su amenaza de holocausto nuclear correspondiente) es escalofriante. Otro punto clave del monólogo es el proceso de privatización de la CIA mediante la creación de empresas fachada y el mantenimiento de negocios turbios (más que nada relacionados con el tráfico de drogas y armas) que les permitieran deshacerse de los controles políticos establecidos y al mismo tiempo contar con un presupuesto acorde a sus aspiraciones de dominación.


Click en Listen para oír a Alan Moore leer este fragmento de Shadowplay.

El punto débil de Brought to Light es su vínculo con la demanda contra la CIA por parte del Christic Institute. Supongo que los demandantes estaban convencidos de que tenían un caso fuertísimo y bajo ese precepto encargaron el cómic, como complemento que divulgara las motivaciones generales de la demanda y por qué las acciones de la CIA afectaban negativamente al hombre de a pie. Por desgracia (?), el juez concluyó que no había suficientes pruebas que vincularan al supuesto autor del atentado con la CIA y ordenó a los demandantes el pago de un millón de dólares en gastos de la defensa. Años después, los mismos demandantes reconocieron que la demanda había sido un error y que probablemente los responsables del atentado habían sido los sandinistas (contra quienes Pastora luchaba) en colaboración con guerrilleros argentinos. La conclusión de la demanda facilita al descreído la tarea de despachar el discurso entero del águila como teoría insustentable. Tal vez por lo mismo es uno de los trabajos de Moore menos conocidos aunque está lejos de desmerecer.