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amenazas

Contra todos

Aumento del poder destructivo de artefactos explosivos durante el siglo veinte.

Los autores de atentados terroristas usualmente los reivindican pues con ellos demuestran su capacidad de amedrentamiento. En Colombia no es así. Optan en lo posible por el silencio. Les conviene más. La guerra colombiana es un negocio donde todos los bandos se declaran, a su manera, justicieros del lado del pueblo (que oprimen y matan) y de la paz. Admitir que asesinaron a cinco personas aumenta la credibilidad política del oponente y reduce la propia: debilita su fachada heroica. Promover la confusión es preferible. Lo que importa es sostener la guerra activa en todos sus frentes. El juego de acusaciones subsiguiente es útil a los asesinos pues genera polarización, desconfianza y agresividad. Recrudece el enfrentamiento político en las ciudades. Radicaliza las posiciones. Explica la matanza en el monte. El mensaje de la explosión es abierto pero al mismo tiempo llega a quien debe llegar: cada cual lo interpreta a su conveniencia y cualquier interpretación es válida en tanto que no hay cómo refutarla. La amenaza es más efectiva y amplia cuando no se sabe de dónde proviene. Una amenaza sin firma es una amenaza contra todos.

Another Earth

¿Y si existiera una copia de mi mismo en otro lugar, una copia indistinguible de mí mismo que compartiera mi vida pero no fuera yo en tanto que… ¿Qué me define? ¿Quiénes somos exactamente? ¿En qué sentido somos únicos y en quién pensamos cuando pensamos en nosotros mismos? ¿Y si la identidad es de pronto una pluralidad de alguna manera explícita? Another Earth habla, creo, sobre la distancia con respecto a lo que somos y nos determina. Es algo en lo que no solemos pensar, pero cuando nos miramos y reflexionamos sobre nuestro estado individual en el universo necesariamente nos alejamos, asumimos una posición extraña en la que somos el objeto que piensa el objeto que se piensa. Nada impide que seamos varios. Que ese objeto sea sólo una versión posible entre otras, cada cual con sus particularidades pero al mismo tiempo unificadas bajo esto que somos en últimas al principio y al final, más o menos como somos el mismo pese al paso del tiempo. ¿Quién muere cuando morimos y qué queda? ¿De quién es la culpa que siento y de quién son las acciones que despiertan esa culpa? De pronto por eso es frecuente enfrentar momentos que se sienten fuera de lugar. Inconscientemente sabemos que en realidad hay un orden y así como hay historias que son inconfundibles de lo que sentimos que somos, hay otras que podrían ser distintas y quizás podrían ser reubicadas hasta encontrar la que realmente nos corresponde. Esto naturalmente es independiente de la satisfacción que recibimos de la vida. Va mucho más allá. Hay dolores correctos, hay desengaños necesarios, hay alegrías que no empatan. Constantes y variables. ¿Cuántos somos cuando somos todo lo que podemos ser? ¿Qué podría ser distinto sin que perdiéramos nuestra consciencia de ser alguien particular?

Another Earth
Tal vez somos sólo lo que no podemos ser.

Pontypool

En Pontypool se propone la idea de que el uso apropiado de ciertas palabras podría reconfigurar la voluntad de la persona que las oye, las entiende, las apropia y las repite. A través de este mecanismo natural, un virus verbal podría tomar control de una sociedad, habitando su lenguaje y reproduciéndose a través de él. En Pontypool el control es agresivo y confuso. Los individuos infectados son poseídos por un ansia asesina de retransmitir el mensaje que sólo es saciada cuando se registra la retroalimentación que confirma el contagio. Primero pensé que era absurdo pero tal vez no lo sea tanto. Lo que pasa es que en el mundo real los virus verbales son más sutiles. Pocos asumen que haya peligro alguno en permitir su expansión (que de cualquier modo es por lo general indetectable). Son (parte de) la cultura. Su contundencia y capacidad destructiva, sin embargo, no son atenuadas por su sutileza, en especial cuando el lenguaje es activamente secuestrado por el poder político. En no pocos casos engendran desolación, discriminación, esclavitud y muerte. Son inofensivos hasta que dejan de serlo. Siempre hay riesgo en repetir las palabras de los demás.

La última defensa es la incomprensión.

Martes

Llueve ceniza. Huele a carne asada. Dicen que son los incendios en la ciudad. La radio transmite anuncios automatizados de manera esporádica entre bips y baladas viejas. Promesas de calma. Sitios y horarios de distribución de víveres y servicio crematorios. Una mujer que llora y pide a Dios por la suerte de sus hijos, desaparecidos en el primer bombardeo. Instrucciones para sobrevivir a un ataque biológico. Lista de refugios con vacantes. Ayer no llovió pero cayeron volantes rojos con amenazas y nombres. La sabana no es segura. Los perros están nerviosos: sienten el rumor de los tanques. He iniciado un cuaderno nuevo donde consigno en limpio los progresos de las últimas semanas. Será lo único que me lleve. Eso y el diccionario. No sé todavía para qué. Qué sentido tiene seguir. El viejo dice que se queda. A nadie le importa. Ni a mí. Se quiere morir. Lo entiendo. En últimas es sensato. Casi no puede caminar. ¿Qué futuro le espera? La casa es nuestra. La doctora no volvió. Las enfermeras huyeron tras la estampida de avestruces. El viejo dice que nos engañan. “Se burlan de nosotros, no sé por qué no pueden verlo”. En la televisión, por las noches, sólo hay musicales y películas de terror.