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amistad

Sello

En sus veinte tesis sobre Twitter, Eric Posner cae en una trampa. La trampa es creer que Twitter es aspirante a plaza en el mercado de los conocimientos. Supongo que Posner cae ahí porque esa es la perspectiva desde la que personas como él se acercan a Twitter, con la pretención de ser receptores e idealmente certificarse como emisores establecidos de saberes y comprensiones frente a la que parece una audiencia infinita hambienta de palabras. Visto así, Twitter es, sin duda, un medio fallido. Pero creo que Posner subestima a quienes participan en Twitter: los despacha como adictos rabiosos colgados del interelogio, ansiosos por un nuevo signo de aprobación en forma de resonancia o corazón que por alguna razón no se percatan de que el bullicio no les ofrece lo que Posner cree que buscan: información. Pero obviamente quienes persisten dentro del bullicio en su mayoría no buscan información sino contacto. El de Posner es un diagnóstico parcial concentrado en las patologías visibles de una federación de comunidades más rica y compleja (no lo culpo: yo también caí ahí alguna vez). Cuando Twitter funciona (y muchas veces funciona) es más relajo que intento de ágora. Solo así tiene sentido. Su servicio, si alguno, es la comunión a distancia alrededor de la comedia trágica de confusiones sin pausa en la que se ha convertido el mundo; una gradería de personas emocionadas, conmovidas, aturdidas, aterradas, jubilosas, anhelantes, esperanzadas, asistiendo con asombro al espectáculo más extraño e irrepetible de sus vidas. Que en medio de eso se difundan ideas es circunstancial; lo que se intercambia es más que nada es camaradería y compañía.

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Tuvimos una noche a María Lucía, Simón y Ueo en la casa. Continuaron su viaje hacia Colombia esta madrugada. Volverán en septiembre por otra noche más. Así funcionan las amistades en este mundo expansivo donde nadie está plenamente en ningún lugar.

Nieve

Azulejo de visita en el balcón en busca de comida.

Ayer empezó a caer nieve y hoy amaneció nevando con todavía más fuerza. Los tres últimos años la nieve había llegado tarde, bien entrado enero. Este año llegó de la mano del invierno, como corresponde.

Nunca he logrado acostumbrarme a la visión de la nieve como algo normal que hace parte de un ciclo natural propio de estas latitudes. Siempre que la vuelvo a ver después de varios meses de ausencia siento la misma extrañeza. Su imponencia me abruma: el paisaje cambia, surgen nuevos ruidos, los colores se saturan, los silencios nocturnos son más intensos. Racionalmente lo entiendo pero el acceso a ese sector del disco se desactiva, como ante monumentos majestuosos.

Hoy Laia vio la nieve por primera vez. Seguro la había visto antes, este ya es su segundo invierno, pero es la primera vez que tiene suficiente consciencia como para apreciar lo que pasa. Cuando despertó de la siesta de la mañana la paré en una silla junto a la ventana a ver los copos caer. Eran grandes. El cielo había amanecido azul pero hacia el mediodía estaba gris otra vez y la nevada arreciaba. Laia sonreía y señalaba los copos. Todavía no hay suficiente nieve acumulada para salir a jugar, pero pronto la habrá. Entonces saldremos y jugaremos. Su relación con la nieve será probablemente distinta de la mía. La nieve hará parte de su vida desde siempre. No habrá estupor admirado sino, tal vez, un cariño feliz asociado a recuerdos tempranos de juegos afuera en su infancia. Mi deidad será para Laia una buena amiga más.

Mi papá nos envió hoy este poema de Nicanor Parra.

Amistad

Matones, una guía práctica

  1. En contravía de la sabiduría popular, los matones casi nunca son cobardes.

  2. Los matones vienen en varias formas y tamaños. Obsérvalos. Recolecta inteligencia.
  3. Escapar de una batalla perdida no es un acto de cobardía.
  4. El ansia de seguridad o popularidad te hace débil y vulnerable.
  5. ¿Qué es peor? ¿El desprecio que reciben los informantes? ¿La miseria que reciben las víctimas?
  6. Lo brutal puede ser moldeado por brutalidades que tú no podrás superar.
  7. La astucia es tu aliada.
  8. El respeto que ganas con integridad no se pierde sin tu permiso.
  9. No te rías de lo que no te parece gracioso. No apoyes una opinión que no compartas.
  10. Los independientes son amigos de los independientes.
  11. La adolescencia muere a sus cuatro años. Tú vives hasta los ochenta.
Señor Kempsey

Nuestra historia de amor

En su blog, Arturo escribió sobre su relación de amor-odio con la matemática. Son cinco capítulos (1, 2, 3, 4 y 5). En el tercero (titulado Idilio) hay un breve cameo de mi yo más joven, socialmente inepto e idealista:

Con Javier montamos un grupo de estudio de geometría algebraica sin profesores. Pegamos avisos en el edificio de matemáticas citando a reuniones semanales. Logramos una convocatoria de tres personas: Javier, Oscar y yo. En los letreros nos escribieron cosas como “sapos reglados”. Quería tanto a las matemáticas, a mi nueva novia, que no tenía problema en compartirla con Javier y el malparido no fue capaz de darme un abrazo cuando se fue a hacer su doctorado hace ya más de diez años. No lo he visto desde entonces y no sé por qué lo quiero. No es que la gente del edificio de matemáticas de la Nacional se caracterice por sus grandes habilidades sociales tampoco.

A Arturo lo conocí dentro de ese contexto idílico, cuando estaba(mos) volcado(s) a aprender matemática con entusiasmo (aunque en la práctica yo le dedicara muchas más horas semanales a los juegos de rol). Nuestro primer curso juntos fue álgebra lineal. Acababa de regresar del ejército. Arturo era uno de los mejores del grupo junto a Javier (Solano) y Freddy (Hernández) (hoy ambos trabajan como profesores en universidades en Brasil). A partir de ahí vimos juntos al menos un curso por semestre por unos tres años (incluyendo uno inolvidable con Alonso Takahashi y también el curso de lógica donde conocimos a Andrés (Villaveces)) hasta que Arturo, de un momento para otro, desapareció. En su blog explica bien por qué. Yo lo sospechaba, pero él era muy reservado con respecto a su vida personal y creo que la consideraba de cierta manera incompatible con nuestra historia de amor amistad (asociada inevitablemente a estudiar heteronormativamente). Para el momento cuando me gradué de la universidad sabía muy poco de su paradero. Luego de que me fui retomó su trabajo final y se graduó. Varios años más tarde, ya en Estados Unidos, busqué información sobre él y encontré su dirección de correo electrónico en Los Andes, donde dictaba clase. Entonces le escribí. Hace unos trece años cortos que no lo veo en persona.

Finalmente aprendí los fundamentos de geometría algebraica en Urbana, en dos cursos muy regulares que me forzaron a las malas a hacer incontables ejercicios (estos sí muy provechosos) del libro de Hartshorne (en mi copia, el margen negro por el uso delimita claramente el cuarto escaso que avancé en ese libro) y un curso muy bueno que tomé tal vez demasiado tarde con Dror Varolin, donde miramos con mucho cuidado (y haciendo muchos cálculos iluminadores) las conexiones entre análisis complejo y curvas algebraicas (sospecho que de haberlo tomado más temprano me hubiera dedicado a la geometría compleja). En los intermedios leí capítulos del libro de curvas elípticas de Silverman y el libro de grupos algebraicos lineales de Humphreys, pero nunca le puse el suficiente empeño para avanzar más allá. Pese a todo eso, a estas alturas lo único que puedo acreditar es comprensión muy general de la terminología y maquinaria más básica. Eso sí, me sigue encantando.

Y los abrazos ya no me cuestan tanto.

Janice y Laia

Martha Marcy May Marlene

Martha Marcy Mae Marlene

Martha despierta llena de nombres de un mal sueño de dos años. Los nombres son marcas o máscaras. Cada uno cumple un propósito. Martha es soledad y desconfianza. Marcy May es maestra y líder (también testigo). Marlene (Lewis) la pluraliza y ofusca. Marcy May es acogida y sólo debe encontrar su labor. Puede tomar tiempo. Tal vez no es suficientemente fuerte. Cada nombre es el fantasma del anterior. Se intercalan en muertes cíclicas. Se confunden y la confunden. La obediencia es liberadora, me dijo una amiga alguna vez. Con paciencia, con sacrificio, todas serán elegidas otra vez.

Animal de poder

Amiga (2)

Son tres, no dos. Las visitamos a las siete y media. La pequeña juguetona estaba tomando agua del bebedero que dejó la vecina. Lo rellenamos. Las nueces que dejamos habían desaparecido. Sospechamos que otras ardillas aprovecharon para aprovisionarse. Reabastecimos la despensa y se lanzaron contra las nueces de inmediato. A las ocho, cuando abrieron el supermercado, fuimos a comprar más nueces de estilos diversos (y también ciruelas pasas) para, en palabras de Mónica, “asegurarnos de que en la dieta no les falte ningún aminoácido”. De vuelta del supermercado me pareció ver a una de las tres saltando de rama en rama con torpeza en el arbusto cercano (que colinda con su árbol de nacimiento). Próxima visita: 11:00 am.

Dublinesca

Manuel Riba viaja a Dublín a celebrar los funerales de la era de Gutenberg, algo así. No es en serio, es una excusa, la primera que se le ocurre. Riba acumula excusas para justificar su inacción desde que decidió vender su empresa, una editorial independiente, y retirarse. El viaje a Dublín sirve para evitar que sus papás, con quienes tiene una relación casi adolescente, descubran que fue a Lyon por un fin de semana y se encerró en el cuarto del hotel a escribir una teoría fallida de la novela. Sepulta Lyon bajo Dublín y así posterga la conversación en la que sus papás descubrirán que ya no es nadie ni hace nada. Riba se evade a sí mismo porque se siente derrotado por su oficio y creo que también por su vida. Es como si el éxito que acumuló durante su carrera como editor se hubiera agotado. El viaje a Dublín es una oportunidad que se ofrece para poder reinventarse y crear nuevos referentes que le permitan confiar de nuevo en sí mismo. Hace dos años Riba tuvo una operación muy seria y ahora tiene una enfermedad crónica que mal lleva desde la abstinencia al alcohol y demás vicios. Borracho era alguien mejor, pero su mujer no opina lo mismo. A veces Riba sospecha que está muerto. Es posible morir en vida. También es posible morir sin notarlo y creer que la vida sigue. Por eso es necesario estar atento a los colores y los lugares, la intensidad de las experiencias, el contacto con los demás, las referencias ocultas, las llamadas misteriosas. El cambio es sutil pero detectable. Todo es más amplio allá afuera. Estamos hechos de pura ausencia.

the british museum — Hammershøi
Cuántos nombres por olvidar.

Todos tus amigos encontraron al Señor

Para Óscar

Y creyeron en Él y a través de la Fé, que es como un té espeso, aprendieron a creer en sí mismos, en su capacidad para la grandeza, en el poder del individuo como entidad transformadora de la realidad propia, para empezar, y más tarde ajena. También empezaron a vestirse distinto. Todos tus amigos encontraron al Señor y te hablaron de Él cada vez que tuvieron oportunidad. Te hablaron y te dijeron que el Señor hablaba a través de ellos. Lo encontraron y dejaron el trago, la droga, la rumba y el sexo inconsecuente. Te invitaron a aceptarlo como tu Salvador, tu Guía, tu Mapa, tu Brújula cuando Lo Inaceptable te golpee. Un día te regalaron El Libro y te dijeron que allí encontrarías todas las respuestas a los interrogantes que te aquejaban, así lo dijeron, porque El Libro es intrínsecamente sabio, ungido por La Gracia del Señor. Tus amigos te dijeron que el Señor sabía por qué pasaban Las Cosas y te enseñaría a aceptarlas y no sucumbir a La Ira, que es El Pecado. Te dijeron que confiaras en su Sabiduría y convirtieras esa confianza en una balsa para cruzar el río de La Incomprensión. Todos tus amigos encontraron al Señor y te dejaron solo. Pensaron que los acompañarías pero El Señor, para ti, es resignación, así que los dejaste irse tras Él y no te despediste porque hablaban en un idioma que no entendías. Todos tus amigos encontraron al Señor y te dijeron que te amaban, que tú sabes que te quieren, que siempre te han querido y ahora no tienen razón para ocultarlo porque el Señor monopoliza el Amor, la Caridad y los Abrazos por fuera del protocolo. Tus amigos te aseguraron que si renunciabas a ese escepticismo pernicioso despertarías a un mundo donde todo tenía Sentido y Razón, y esa Razón, te prometieron, te llenaría el Alma de Paz, te permitiría reconciliarte con la Vida, te ayudaría a entender. Hay un Propósito, te dijeron. Hay Esperanza. Todos tus amigos encontraron al Señor y ahora es difícil reconocerlos por la calle cuando te cruzas con ellos y te saludan con esa voz de incienso, te preguntan por ti y bendicen al Señor por TODO LO BUENO. Gracias, Señor, dicen, Adorado Señor Misericordioso Que No Se Olvida, atención, Que No Se Olvida De Sus Hijos Y Sólo Quiere LO MEJOR Para Nosotros. Todos tus amigos encontraron al Señor y ya no tenías de qué hablar con ellos en las fiestas regulares de reencuentro de la promoción de 1994, así que dejaste de hablarles y los sacaste súbitamente de tu lista de amigos porque te cansaste de su amor inagotable y sus palabras de aliento que ya no significan nada, que nunca significaron nada pero ahora significan todavía menos. Te llenaste de rabia, acogiste el Pecado, y mandaste a la mierda a tus amigos y su amistad impostada de tanto amor vacío y tanto consuelo paranormal, pero ahí tampoco encontraste La Calma. Por eso, y porque tenías sed, fue que empezaste a tomar.