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amistades

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Dos semanas largas de visitas me dejaron cansado pero agradecido con los amigos que tengo. Me gustaría, eso sí, tenerlos más cerca.

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Encuentro con Amador y Piotr en el barrio indio para comer. Hace años que no los veía. Me gusta la familiaridad de estos encuentros con amigos de hace mucho tiempo. Saber que el vínculo no se pierde a pesar del poco contacto. Personas que sé que me encontraré muchas veces más y siempre tendremos tema para reírnos y hablar. O al menos espero que así sea.

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Tengo un amigo en el salón de Laia. Es un niño con síndrome de Asperger a quien procuro saludar cada vez que paso. Inicialmente no me prestaba atención pero los últimos días he notado que no solo no me ignora sino que me ve y se alegra de verme. Hoy me arrodillé para saludarlo a su altura y se lanzó hacia mí y me dio un abrazo con una sonrisa grandísima que nunca le había visto. Sentí incluso como si quisiera decirme algo. Después contamos los dedos de las manos. Antes de despedirnos nos miramos un rato en el espejo. El abrazo lo seguí sintiendo el día entero.

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raquel_y_el_fin_del_mundo

Raquel y el fin del mundo se enmarca en la tradición del cómic alternativo semirrealista contemporáneo que es obligatoriamente rústico en su factura y melancólico en tono. Trata sobre la disolución de un grupo de amigos desde la perspectiva de quien los ve partir y no sabe cómo dejarlos ir. También hay algunas muertes. Mariana Gil Ríos, su autora jovencísima, dibuja en un estilo muy sencillo (por ratos se pasa de burdo) a blanco y negro con tonos grises en algo que parece acuarela y que ocasionalmente explota en viñetas dinámicas donde sugiere movimiento o cambios mediante colores o multiplicidades. Aunque la historia en sí es bastante minimal, se siente la intención de montar sobre ella algo grande y sustancioso. Esta ambición cauta permite que la narración no se salga de control sin que esto la fuerce a reprimirse. Es una lectura agradable con muy pocos baches. Tal vez algunos diálogos desmerecen y valdría la pena haber ahondado en el drama de la protagonista para que no pareciera una pataleta infantil tardía, pero aún así creo que cuenta lo que quiere contar y lo logra con un estilo propio y sincero. Es una buena primera novela.

Mirza

Desde que hay francotirador permanente en la azotea del edificio vivimos más tranquilos. Es un bosnio simpático, se llama Mirza. Mirza mató a mucha gente en su juventud pero no se ufana de ello; para eso tiene sus tatuajes. Me ha contado que tiene dos hijos (una niña y un niño) pero no sabe dónde están. Mirza piensa que la civilización como la conocemos está llegando a su fin. En enero acampó dos semanas en un bosque para poner a prueba sus habilidades de supervivencia. Como vengo de Colombia, cree que tenemos un pasado oscuro similar y está convencido de que ese pasado nos une. A veces, se sienta conmigo en las mecedoras del balcón y me dice: «Let’s talk of war, friend». Cuando Mirza habla de la guerra habla sobre todo de sus amigos muertos. Eso es la guerra para él. La semana pasada me dijo que yo no sabía afeitarme y me llevó a comprar cuchillas de afeitar de verdad. Ahora quiere enseñarme a afeitarme. La guerra le enseñó que el aseo personal es muy importante. Mirza dice: «one bullet is never enough, friend». Le confesé mi miedo a morir y me respondió que la primera vez no se sentía nada. Antes de venir a Canadá, vivió unos años en el centro de África trabajando para un amigo que tenía un negocio allá. Le fue bien en África. Ya lleva casi doce años acá y todavía le queda de esa plata. Mirza dice que las putas son mejores que las novias porque con ellas todo está claro desde el principio. El sábado vi a Mirza saliendo del “Yoga Shack” del barrio con su colchoneta morada entre una bolsa de Walmart. Fun fact: Mirza colecciona yoyos.

Domingo (Mensaje)

Se supone que aquí hay una reiteración minuciosa de la rutina de la nada que domina los fines de semana. En su lugar, quisiera aprovechar este espacio que los editores de esta prestigiosa publicación me conceden con tanta amabilidad a cambio de mis servicios como conserje (del francés concierge) para promocionar la idea impopular de que (a menos que usted se gane la vida como vendedor de Herbalife, pregúnteme cómo) el desgaste de las amistades es un proceso natural y sano y por eso es insensato (si no nocivo) mantener contacto activo con todas las personas que se encuentran en la vida. Creo que en esta sociedad de hiperconexión e inmediatez es necesario defender con furia el derecho a no estar permanentemente disponible y a no mantener relaciones vacías de actualización regular (y sistematizada) con personas cuyo contacto no aporta a la vida nada diferente de tedio y molestias que hay que disimular por cortesía. La vida es demasiado corta para eso. Lo invito a filtrar. Invierta su tiempo en amistades de verdad.